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| Sergio Martínez Cuéllar Médico |
Mark Ellis es un joven británico de 22 años que, tras sufrir un
derrame cerebral, se quedó completamente paralítico y perdió la capacidad para
hablar, siendo el parpadeo y el movimiento ocular la única forma de comunicarse
con los demás. Los médicos le diagnosticaron síndrome de enclaustramiento y
comunicaron a su familia que las posibilidades de supervivencia eran mínimas,
menos aún de recuperarse. Sin embargo, el milagro ocurrió cuando Ellis se
despertó del coma inducido por los médicos tras la apoplejía e imitando a su
bebé fue aprendiendo poco a poco a dar los primeros pasos y a pronunciar sus
primeras palabras.
El accidente ocurrió dos semanas después de haber sido padre de una niña
llamada. Los propios médicos que diagnosticaron el cuadro clínico de este joven
británico no daban crédito de su rápida recuperación, ya que el trombo obstruía
el flujo sanguíneo a las partes cerebrales donde se procesa el habla. Es más,
dentro de los primeros cuatro meses después de la aparición del síndrome, el
90% de las personas con esta afección muere.
En un principio, y animado por su psicoterapeuta, Ellis comenzó a imitar a
su hija recién nacida, quien ya balbuceaba y empezaba a caminar a gatas. “Mi
marido hacía los mismos sonidos que la niña y cuando comenzó a pronunciar
las primeras palabras, su padre también lo hizo”, relata su esposa, Amy
Ellis, al diario The Guardian. Un proceso que se pudo dar gracias a
que este paciente, al igual que el resto de afectados por el síndrome de
enclaustramiento, preservó la conciencia y mantuvo intacta su voluntad, así
como sus sentimientos y deseos.
El asombroso progreso de Ellis fue totalmente parejo al aprendizaje de su
hija. De hecho, sus primeros pasos volvió darlos tan sólo una semana y
media después de que la pequeña dejase de gatear para comenzar a caminar. En
total, transcurrieron ocho meses desde que ingresó en el hospital hasta que
volvió a casa usando un andador. Desde entonces, ha seguido avanzando en su
dura recuperación siempre al lado de su hija. Ahora, ambos utilizan los mismos
juguetes, libros, juegos e incluso el iPad, explica Amy Ellis, “para aprender a
comunicarse y descubrir cómo se hacen las cosas”.
La recuperación en las personas afectadas por este síntoma es extremadamente
rara, aunque los terapeutas recurren cada vez más a las emociones para
estimular a estos pacientes, lo que ha tenido unos resultados inmejorables
en el caso de Ellis.
Las personas afectadas con síndrome de cautiverio o enclaustramiento tienen
la capacidad de llegar a mover determinados músculos faciales, pero la gran
mayoría de los pacientes no logran recuperar el control motor. Menos aún la
capacidad de volver a hablar.
La vuelta a la vida de este joven británico de la mano de su hija demuestra
una vez más cómo la realidad acaba superando a la ficción.
Fuente: El Confidencial.



