La gripe es una de las enfermedades que más trastornos de salud
provoca durante el otoño y el invierno en nuestro entorno.
A continuación se exponen algunas ideas y recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en
relación con esta enfermedad.
Esta organización define la gripe
como una infección vírica aguda que se transmite fácilmente de
una persona a otra. Los virus de la gripe circulan por todo el mundo y pueden
afectar a cualquier persona de cualquier edad.
La gripe es un problema grave de salud pública que puede ser
causa de enfermedad grave y muerte en poblaciones de alto riesgo y la vacunación es la
forma más eficaz de prevenir la infección.
Hay tres tipos de gripe estacional: A, B y C. Los virus
gripales de tipo A se clasifican en subtipos, entre los muchos subtipos de virus
gripales A, en la actualidad están circulando en el ser humano virus de los
subtipos A (H1N1) y A (H3N2).
Los virus de la gripe circulan por todo el mundo. Los casos de gripe C son
mucho menos frecuentes que los de gripe A o B, por ello en las vacunas contra la
gripe estacional sólo se incluyen virus de los tipos A y B.
La gripe estacional se caracteriza por el inicio súbito de fiebre
alta, tos (generalmente seca), dolores
musculares, articulares, de cabeza y garganta, intenso malestar y
abundante secreción nasal.
La fiebre y los demás síntomas suelen desaparecer en la mayoría de los casos
en el plazo de una semana, sin necesidad de atención médica. No obstante, en
personas con alto riesgo la gripe puede causar enfermedad grave, e incluso la
muerte.
El tiempo transcurrido entre la infección y la aparición de la enfermedad (el
llamado periodo de incubación) es de aproximadamente 2 días.
Las epidemias anuales de gripe pueden afectar gravemente a todos los grupos
de edad, pero quienes que corren mayor riesgo de sufrir complicaciones son los
menores de 2 años, los mayores de 65 y las personas de todas las
edades con determinadas afecciones, tales como inmunodepresión o enfermedades
crónicas cardiacas, pulmonares, renales, hepáticas, sanguíneas o metabólicas
(por ejemplo, la diabetes).
La gripe estacional se propaga fácilmente y puede extenderse con rapidez en
escuelas, residencias asistidas o lugares de trabajo y ciudades. Las gotículas
infectadas que expulsa el paciente al toser pueden ser inspiradas por otras
personas que quedan así expuestas al virus.
El virus también puede propagarse a través de las manos
infectadas. Para evitar la transmisión hay que lavarse las manos
regularmente y cubrirse la boca y la nariz con un pañuelo de papel al toser o
estornudar.
Algunos países disponen de antivíricos que son eficaces para prevenir y
tratar la gripe. Algunos virus de la gripe se vuelven resistentes a los
antivíricos, lo cual limita la eficacia del tratamiento.
Las epidemias de gripe se repiten anualmente, durante el otoño y el invierno
en las regiones templadas.
La enfermedad es causa de hospitalización y muerte, sobre todo en los grupos
de alto riesgo (niños pequeños, ancianos y enfermos crónicos). Estas epidemias
anuales causan unos 3 a 5 millones de casos de enfermedad grave y unas 250.000 a
500.000 muertes cada año.
En los países industrializados la mayoría de las muertes asociadas a la gripe
corresponden a mayores de 65 años. En algunos países tropicales
los virus de la gripe circulan durante todo el año, presentando uno o dos
periodos de máxima actividad durante las estaciones lluviosas.
La forma más eficaz de prevenir la enfermedad y sus consecuencias graves es
la vacunación. Hace más de 60 años que se vienen utilizando
vacunas seguras y eficaces. En los adultos sanos la vacunación antigripal puede prevenir un 70% a 90% de
los casos de enfermedad gripal específica, mientras que en los ancianos reduce
los casos graves y las complicaciones en un 60%, y las muertes en un 80%.
La vacunación es especialmente importante en las personas que corren mayor
riesgo de sufrir complicaciones de la gripe y en aquéllas que viven con
pacientes de alto riesgo o que cuidan de ellos.
La OMS recomienda la vacunación anual (por orden de
prioridad) en:
- Quienes viven en residencias asistidas (ancianos o discapacitados).
- Ancianos.
- Personas con enfermedades crónicas.
- Otros grupos: embarazadas, profesionales sanitarios, trabajadores con
funciones sociales esenciales y niños de 6 meses a 2 años.
La vacunación antigripal es más eficaz cuando hay una buena concordancia
entre los virus vacunales y los virus circulantes. Los virus de la gripe sufren
cambios constantes, y la Red Mundial de Vigilancia de la Gripe,
una alianza de Centros Nacionales de Gripe de todo el mundo, vigila los virus
gripales circulantes en el ser humano.
La OMS recomienda cada año una vacuna cuya composición va dirigida hacia las
tres cepas más representativas que estén circulando entonces.
Consulta con tu médico de familia si es conveniente que tú o tus familiares
os vacunéis frente a la gripe, pues ahora es el momento de planteárselo.