viernes, 11 de noviembre de 2011

Propiedades del calabacín

El calabacín es una hortaliza que pertenece a la misma familia que hortalizas tan comunes como el pepino o la calabaza, o de frutas tales como la sandía y el melón. Existen pruebas de que esta hortaliza ya era consumida por los egipcios y, más tarde, por griegos y romanos. Sin embargo, fueron los árabes quienes extendieron su cultivo por las regiones mediterráneas, donde se convirtió en un alimento de consumo habitual en la Edad Media. En las zonas del norte de Europa, su consumo fue más tardío y no tuvo lugar hasta la II Guerra Mundial. El calabacín es una hortaliza de verano aunque se puede adquirir durante todo el año. Sin embargo, los ejemplares más sabrosos son los que se recogen entre los meses de julio y septiembre. Es una hortaliza que se recolecta tierna, sin haber alcanzado su tamaño definitivo.

El calabacín pertenece a la misma especie que la calabaza. Sin embargo, presenta propiedades nutritivas propias. Su principal componente es el agua, seguido de los hidratos de carbono y pequeñas cantidades de grasa y proteínas. Todo esto, unido a su aporte moderado de fibra, convierte al calabacín en un alimento de bajo aporte calórico, idóneo para incluir en la dieta de personas con exceso de peso.
En relación con su contenido vitamínico, destaca la presencia discreta de folatos, seguido de la vitamina C. También contiene vitaminas del grupo B como B1, B2 y B6, pero en menores cantidades. La calabaza se caracteriza por su alto contenido en beta-carotenos (provitamina A), algo que no ocurre con el calabacín.
Los folatos intervienen en la producción de glóbulos rojos y blancos, en la síntesis del material genético y en la formación de anticuerpos del sistema inmunológico.
En la acelga, el mineral más abundante con diferencia es el potasio. Sin embargo, esta verdura destaca respecto al resto por su mayor contenido en magnesio, sodio (responsable en parte de su marcado sabor), yodo, hierro y calcio, estos dos últimos de peor aprovechamiento que los que proceden de los alimentos de origen animal (lácteos, carnes y pescados).
La vitamina C tiene una acción antioxidante, interviene en la formación de colágeno, huesos, dientes y glóbulos rojos, además de favorecer la absorción del hierro de los alimentos y aumentar la resistencia frente a las infecciones.
En cuanto a su contenido en minerales, el calabacín es una buena fuente de potasio, además de presentar pequeñas cantidades de magnesio, fósforo y hierro.
El potasio es un mineral necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso y para la actividad muscular normal. Además, actúa en el equilibrio acuoso dentro y fuera de la célula. El magnesio juega un papel importante en la formación de huesos y dientes, se relaciona con el funcionamiento del intestino, nervios y músculos, mejora la inmunidad y posee un suave efecto laxante.
El calabacín presenta una pequeña cantidad de hierro, pero este mineral apenas se asimila en nuestro cuerpo en comparación con el hierro procedente de los alimentos de origen animal.
Esta hortaliza contiene además unas sustancias denominadas mucílagos que son un tipo de fibra que suaviza y desinflama las mucosas del aparato digestivo.
El calabacín es una hortaliza de bajo aporte calórico gracias a su alto contenido en agua. Además, contiene fibra que ejerce un efecto de saciedad. Por ello se considera un alimento idóneo en dietas de control de peso.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que, según el modo en que se preparen los calabacines, su contenido calórico puede variar de forma notable. Por ejemplo, sise fríe el calabacín en vez de hervirlo, asarlo o cocinarlo a la plancha, su valor calórico puede llegar a duplicarse porque es una hortaliza que tiene la capacidad de absorber gran cantidad de aceite.

El calabacín es una hortaliza que posee propiedades emolientes (suavizantes) sobre el aparato digestivo gracias a su contenido en mucílagos, un tipo de fibra que suaviza y desinflama las mucosas del aparato digestivo. Esta propiedad, unida al hecho de que resulta fácil de digerir y con un suave efecto laxante, le convierte en un alimento cuyo consumo se aconseja especialmente a aquellas personas con estómago delicado o problemas digestivos como gastritis o estreñimiento.


Los calabacines son alimentos ricos en potasio y pobres en sodio, lo que les confiere una acción diurética que favorece la eliminación del exceso de líquidos del organismo. Son beneficiosos en caso de hipertensión, hiperuricemia y gota, cálculos renales, en caso de retención de líquidos u oliguria (producción escasa de orina).
Con el aumento de la producción de orina, se eliminan, además de líquidos, sustancias de desecho disueltas en ella como ácido úrico, urea, etc.

Su contenido de fibra le confiere propiedades laxantes. La fibra previene o mejora el estreñimiento, contribuye a reducir las tasas de colesterol en sangre y al buen control de la glucemia (niveles de azúcar en sangre) en las personas que tienen diabetes.

Fuente: Eroski

martes, 8 de noviembre de 2011

Consejos para el dolor de espalda en el embarazo

Es frecuente que durante el embarazo aparezca dolor lumbar o ciática. Generalmente se debe a que la musculatura de la espalda se sobrecarga y se contractura. Entre los factores que contribuyen a que esto ocurra se encuentran la relajación de los músculos abdominales, la falta de potencia de los glúteos, el aumento de peso y el sedentarismo. Lo mejor que se puede hacer para evitarlo es hacer ejercicios e intentar adoptar las posturas adecuadas.
También pueden aparecer dolores de espalda después del parto, especialmente si el esfuerzo muscular ha sido muy grande, si hay una dilatación excesiva de la pelvis o si se produce una luxación del coxis.
Durante el embarazo, hasta un 30% de las mujeres padecen dolor en la zona lumbar, o ciática -dolor referido o irradiado a la pierna-. También es frecuente que el dolor aparezca después del parto.
En la inmensa mayoría de los casos el dolor surge como consecuencia de la contractura de la musculatura de la espalda, que puede causar dolor por varios mecanismos. Una vez que el dolor ha aparecido, y con independencia de los factores que lo desencadenaron, un mecanismo neurológico puede hacer que persista hasta el final del embarazo o también que aparezca dolor referido a la pierna.
Sólo excepcionalmente el dolor es consecuencia de una alteración orgánica de la columna vertebral. Dentro de su rareza, la alteración orgánica que aparece con mayor frecuencia durante el embarazo es la hernia discal y los estudios realizados demuestran que ocurre en menos de uno de cada 10.000 embarazos.
Tras el parto también es frecuente sentir dolor en la zona baja de la espalda. Muchas veces se debe a uno o varios de los mecanismos musculares que se revisan más abajo, pero a veces es provocado por una luxación del coxis.

Las medidas más eficaces para prevenir el dolor de espalda en el embarazo y el parto son:
       1. Evitar el reposo salvo que sea necesario por motivos médicos.
       2. Cumplir las normas de higiene postural.
       3. Hacer ejercicios para entrenar y fortalecer los músculos cuyo funcionamiento depende la espalda.

Algunos autores recomiendan el uso de fajas pélvicas (es decir, no colocadas alrededor de la cintura, sino rodeando las caderas) para ayudar a los glúteos en su función. Aunque de momento no hay estudios que demuestren su eficacia, pueden usarse durante el embarazo o después del parto, cuando el dolor se deba a la afectación de la articulación posterior de la pelvis.
Aunque durante el embarazo no se pueden administrar algunos medicamentos por los efectos perjudiciales que pueden tener para el feto, actualmente existen tratamientos capaces de tratar el dolor de espalda satisfactoriamente. Si el dolor resiste las medidas generales, la intervención neurorreflejoterápica es una opción especialmente indicada.

Para más información: http://www.espalda.org/index.asp

viernes, 4 de noviembre de 2011

La gastroenteritis infantil

Se trata de una inflamación del estómago y los intestinos caracterizada por la presencia de diarrea, que puede acompañarse de otros síntomas como vómitos, fiebre o dolor abdominal. Se denomina gastroenteritis aguda (abreviamente GEA) porque suele comienzar de manera brusca y se cura por si sola en unos días.
La gastroenteritis es muy frecuente en la infancia. En países empobrecidos es una de las principales causas de mortalidad infantil, generalmente en niños desnutridos. En España es excepcional que resulte tan grave, pero sigue siendo causa de muchos ingresos hospitalarios y de pérdidas de días de colegio.

Causas
La gran mayoría de las veces está causada por una infección, que puede ser vírica, bacteriana o, más raramente, por un parásito intestinal. Otras causas menos frecuentes son la ingesta de alimentos en mal estado o infecciones no digestivas (infecciones de orina, otitis, etc.).

Síntomas
El síntoma más característico es la diarrea (deposiciones más blandas o líquidas, frecuentes y abundantes) que puede tener un aspecto muy variable; a veces, las deposiciones se acompañan de mucosidad o incluso sangre. Es frecuente que haya también vómitos, a veces antes de aparecer la diarrea. Otros síntomas comunes son la fiebre o el dolor abdominal en forma de retortijones.

Diagnóstico
La gastroenteritis es una enfermedad de diagnóstico clínico, es decir, se diagnostica simplemente al constatar los típicos síntomas que la definen, sin necesidad de pruebas diagnósticas complementarias. A veces los médicos solicitan una muestra de las heces para hacer un coprocultivo, una prueba que tras unos días permite conocer qué germen es el causante de la diarrea, aunque a veces el resultado es negativo (no crece ningún germen, por lo que no se puede confirmar el diagnóstico). Esta prueba suele pedirse cuando la diarrea se prolonga durante más días de lo habitual o hay dudas en el diagnóstico.

Cuidados
El riesgo principal de las gastroenteritis es la deshidratación, debida a las pérdidas de líquidos y sales minerales por la diarrea. Por eso lo fundamental es ofrecer que el niño beba muchos líquidos para reponer esas pérdidas. Cuando la diarrea es abundante, especialmente en niños pequeños, es recomendable que beban soluciones de rehidratación oral, cuya composición consigue que se absorba mejor el agua y las sales minerales necesarias. Estas soluciones están disponibles en sobres (en cuyo caso hay que ser cuidadoso para prepararlas con el volumen de agua que indique el fabricante) o ya en forma líquida. Deben administrarse con frecuencia, pero sin forzar al niño a tomarlos, dado que si el niño no tiene sed es poco probable que esté deshidratado. Si ha vomitado es mejor ofrecer cantidades pequeñas de cada vez hasta asegurarse de que lo tolera bien.
Si el niño tiene hambre y no vomita puede hacer una dieta prácticamente normal evitando al principio bebidas y alimentos muy azucarados (refrescos, zumo de manzana, pastelería) o muy grasos. Es frecuente que se recomienden dietas astringentes (patata, arroz, zanahoria, plátano, etc.), que pueden ayudar a disminuir el número de deposiciones, pero realmente no son imprescindibles y, en cualquier caso, si se emplean no deben mantenerse más de unos pocos días, pues a la larga una dieta pobre en grasas puede favorecer una diarrea crónica. Los lactantes amamantados deben continuar tomando pecho, y los que tomen biberón pueden seguir usando su fórmula habitual, ofreciendo entre las tomas suero de rehidratación. Salvo indicación de su pediatra no es preciso utilizar fórmulas especiales, dado que a pesar de la diarrea el intestino absorbe la mayor parte de los nutrientes.
En general no suelen hacer falta medicinas, pues las gastroenteritis tienden a curarse por de manera espontánea y todos los fármacos pueden causar efectos secundarios. Los antibióticos sólo son útiles en gastroenteritis de causa bacteriana que se prolongan en exceso, pues también afectan a la flora bacteriana del paciente. Los medicamentos antieméticos (contra los vómitos) tienen una eficacia muy limitada y sólo deben usarse bajo prescripción facultativa. También se usan con cierta frecuencia probióticos, preparados que contienen microorganismos para ayudar a recuperar la flora intestinal, y que puede acortar ligeramente la duración de la diarrea.

Evolución
En niños sanos bien nutridos las gastroenteritis suelen curar en pocos días sin complicaciones. Las deposiciones pueden tardar algo más en normalizarse del todo.
La principal complicación a vigilar es la deshidratación, que sucede si el niño no es capaz de reponer bebiendo los líquidos que pierde; esto ocurre si el niño vomita repetidamente durante varias horas, o si hay una diarrea muy abundante y no se beben líquidos adecuados (suero de rehidratación). Se puede saber que alguien está bien hidratado porque se mantiene contento o produce lágrimas al llorar, orina con regularidad y mantiene la boca y la lengua húmedas. Por contra, si el niño está muy postrado, los labios y la boca están secos, lleva muchas horas sin orinar o tiene los ojos hundidos la deshidratación ya está presente y es necesaria una evaluación médica. Con los bebés de pocos meses de edad hay que ser especialmente cuidadoso, pues pueden deshidratarse en pocas horas.
Otros signos que aconsejan evaluación pediátrica en estos casos es la presencia de sangre en las heces o fiebre alta difícil de controlar.

Prevención
Dado que las gastroenteritis se transmiten fácilmente entre personas deben extremarse durante estos días las medidas de higiene, en especial el lavado de manos frecuente por parte del paciente y los cuidadores.
Existen vacunas frente al rotavirus, el principal virus productor de gastroenteritis, que se administran en forma bebida. Todavía no está incluida en muchos calendarios oficiales de vacunas, pero la Asociación Española de Pediatría recomienda su administración a todos los lactantes durante los primeros meses de vida.

Fuente: Asociación Española de Pediatría

martes, 1 de noviembre de 2011

El poder de los fitonutrientes

Pocas son las personas que ignoran hoy en día que la fruta y la verdura son buenas para la salud. Contienen muchas vitaminas y algunos minerales, y contribuyen a aumentar el aporte de fibra. Estas razones son suficientes para estimularnos a consumir estos alimentos regularmente. Sin embargo, estos aportes nutritivos parecen ser sólo la punta del iceberg, ya que, en cada mordisco a una manzana, en cada bocado de mango y en cada porción de brécol se ocultan otras substancias alimenticias vegetales, o "fitonutrientes", que nos aportan aun más salud y bienestar.
Comprender el papel que los fitonutrientes desempeñan en las plantas nos permitirá saber de qué forma pueden ser útiles para las personas. Los pigmentos naturales verde y rojo intenso del repollo, la lechuga, los tomates y las fresas han evolucionado para favorecer la absorción de los rayos ultravioletas del sol, que sin ellos resultarían dañinos. Los compuestos aromáticos del ajo y la cebolla los protegen contra las infecciones bacterianas y virales; ciertos agentes bloqueadores de enzimas hacen frente a los contaminantes tóxicos.
Los vegetales han desarrollado literalmente cientos de miles de substancias naturalmente fitoprotectoras, o fitonutrientes, que les ayudan a combatir desde las infecciones micóticas hasta las bacterianas y a superar las inclemencias y las presiones de su entorno.
En teoría, al consumir estos alimentos vegetales, debemos adquirir "de segunda mano" algunas de esas propiedades defensivas. Muchos de los fitonutrientes descubiertos por los científicos, como la vitamina C, están dotados de propiedades antioxidantes, con las que contribuyen a combatir los radicales libres. Estos últimos son substancias químicas producidas por el cuerpo humano que, si no se desactivan, pueden desencadenar modificaciones celulares susceptibles de provocar múltiples afecciones, desde problemas cardiacos y cáncer, hasta arrugas o cataratas.
Las primeras hipótesis sobre el potencial de los fitonutrientes para combatir la enfermedad se deben a los investigadores de todo el mundo estudiosos de las pautas que rigen las enfermedades. Sus estudios les llevaron a concluir, por ejemplo, que algún elemento de la dieta japonesa debe contribuir a proteger a las mujeres del cáncer de mama y a los hombres del de próstata.
Una de las diferencias fundamentales entre la dieta japonesa y la europea estriba en la cantidad de productos a base de soja que los primeros ingieren. Por ejemplo, los japoneses consumen habitualmente tofu (queso de brote de soja), lo que explica que la cantidad de estrógenos procedentes de ese vegetal presentes en su sangre es 50 veces superior a la de los europeos. Las investigaciones realizadas en Japón indujeron a los expertos a suponer que el estrógeno de ese vegetal es capaz de bloquear la acción del estrógeno humano; esto explicaría la diferencia de incidencia de casos de cáncer de mama y próstata entre Oriente y Occidente.
La buena noticia es que también muchos de los alimentos que se consumen en toda Europa están repletos de fitonutrientes protectores.

Fuente: Sociedad Española de Nutrición Comunitaria