miércoles, 18 de febrero de 2015

Alopecía o calvicie

La Alopecia común, Alopecia androgénica o Calvicie son tres nombres que se dan normalmente a la caída de pelo que se produce de manera fisiológica, en la mayoría de los casos. Aunque afecta principalmente al hombre, la mujer no está exenta de este problema, calculándose que a los 50 años, la presenta con mayor o menor intensidad más de la mitad de los hombres y alrededor de una de cada diez mujeres.La calvicie, en la mayoría de las ocasiones, no es indicio de un trastorno médico, pero puede afectar la autoestima y provocar estrés y ansiedad con una pérdida de la autoestima. Además, la calvicie masculina se ha vinculado con un riesgo mayor de padecer una enfermedad coronaria, pero parece que solo si la falta de cabello se produce en la coronilla, más que en la parte delantera.

Pero por qué se produce esta caída del pelo, pues bien existe por un lado un factor genético (padres calvos más probabilidad de hijos calvos), aunque no se conoce el gen responsable de la herencia de esta patología. Por otro lado está el factor hormonal que va a depender fundamentalmente de las hormonas masculinas conocidas como andrógenos. No hay que olvidar que la pérdida del cabello puede deberse a otros trastornos como infecciones, trastornos metabólicos o, incluso, efectos derivados de la toma de medicaciones; es por ello que se debe acudir siempre a un especialista.

La calvicie puede afectar de dos formas, una es el llamado patrón masculino que se caracteriza porque la pérdida de pelo se localiza principalmente en las zona frontal y parietal comenzando con lo que se conoce habitualmente como entradas, afectando más tarde a la región de la coronilla. Sin embargo, el llamado patrón femenino se caracteriza por una pérdida de cabello difusa, no se producen zonas de calvicie total y queda respetada la línea de implantación anterior, es decir no existen entradas.

En cuanto al tratamiento, existen dos fármacos que hayan probado en estudios científicos su eficacia, el Minoxidil que se aplica en forma de solución sobre la piel y el Finasteride que actúa bloqueando la producción de andrógenos y se administra por vía oral en forma de comprimidos. Ambos tienen eficacia limitada. 

En cuanto al primero, el Minoxidil, decir que actúa provocando un efecto vasodilatador, lo que favorece una mayor irrigación del cuero cabelludo con el consiguiente aumento del aporte sanguíneo a los folículos pilosos. Su efecto se observa a largo plazo, entre el cuarto y sexto mes de iniciado el tratamiento, apreciándose un pelo de mayor grosor. Se aplica en forma de loción sobre el cuero cabelludo mediante suaves masajes, para facilitar su penetración. Como cualquier medicamento, puede presentar efectos secundarios, ya que su utilización inicial fue como medicamento para la tensión alta y, aunque suele ser bien tolerado, siempre debe utilizarse bajo prescripción médica.

El otro medicamento, el Finasteride, actúa a nivel de la metabolización de la testosterona, la cual es la responsable de que el folículo piloso se va reduciendo de tamaño con lo que el pelo se va haciendo fino, corto, hasta que finalmente desaparece. También sus efectos se ven a largo plazo, entre los 6 y 12 meses de tratamiento aunque en algunos casos se empiezan a manifestar a partir de los 3 meses. Lo mismo que el Minoxidil, puede presentar reacciones adversas y efectos secundarios, los más frecuentes son sobretodo a nivel sexual, por lo que debe ser usada también sólo bajo prescripción médica.

Hay otras posibilidades de tratamiento como es el trasplante de pelo que realizado en manos expertas puede ser una solución definitiva a un problema que lo es sólo para algunos.

miércoles, 11 de febrero de 2015

La hipoacusia del adulto mayor


Hoy voy a tratar de una cuestión que se plantean muchas personas mayores ¿es normal que entre más mayor seamos también nos vayamos haciendo más sordos?. Pues bien, aunque no hay ninguna causa única conocida para la hipoacusia relacionada con la edad, pudiendo contribuir cambios en las vías nerviosas auditivas cerebrales, sí que hay factores que pueden hacer que se tenga más probabilidad a padecerla, como son los antecedentes familiares, la exposición repetitiva a ruidos fuertes, el hábito tabaquico,  la diabetes o el uso de ciertos medicamentos.

La pérdida de la audición a estas edades ocurre lentamente con el tiempo y nos podemos dar cuenta porque presentamos cierta dificultad para escuchar a las personas que están a nuestro alrededor, tenemos problemas para escuchar en áreas con mucho ruido, a veces aparecen zumbidos, etc.. Afecta a alrededor del 30-35% de las personas con edades comprendidas entre los 65 a 75 años y a alrededor del 40-50% de las personas mayores de 75 años.

Si usted cree que está perdiendo audición acuda a su médico, el cual llevará a cabo un examen físico completo, con el fin de encontrar si hay alguna causa tratable que la esté provocando, por ejemplo un simple tapón de cerumen. Si no es así lo remitirá a un especialista en Otorrinolaringología y un audiólogo los cuales, mediante un examen cuidadoso y valiéndose de pruebas como la audiometría podrá determinar si efectivamente existe una pérdida auditiva significativa.
Lo más frecuente es que no se encuentre una causa tratable para dicho problema, para lo cual existen de ciertas medidas que aliviarán muy mucho esa pérdida auditiva. Nos referimos al implante coclear o al uso de los audífonos, que son como unos amplificadores telefónicos. 
En cuanto al implante coclear se puede recomendar para personas con pérdida de la audición muy severas, se realiza por medio de una cirugía, con lo que permite que la persona detecte sonidos de nuevo y, con práctica, puede permitirle entender el lenguaje, aunque no se restablece la capacidad auditiva normal.

En relación a los audífonos la indicación debe ser realizada por profesionales acreditados en su uso, supervisado por parte del especialista en Otorrinolaringología . Es un dispositivo destinado a mejorar, corregir o rehabilitar la audición de los deficientes auditivos, para una adaptación específica o apropiada a sus capacidades de percepción y de tolerancia.

Actualmente, los avances tecnológicos han permitido el desarrollo de audífonos con un alto nivel de prestaciones como son el control automático de ganancia, múltiples canales de procesado de la señal, algoritmos enfatizados del habla, gestores anti-feedback, audiometrías in-situ para lograr una gran precisión en su adaptación, sistemas de micrófonos direccionales adaptativos, etc. 
Además se hace mucho hincapié en la estética, con lo que llevar un audífono pase lo más desapercibido posible. Así aparecen audífonos situados totalmente dentro del conducto auditivo resultando prácticamente invisibles, modelos intracanal de gran discreción y retroauriculares de pequeño tamaño. La elección de uno u otro modelo está condicionada por el nivel de pérdida auditiva, la forma del conducto auditivo externo y el precio.

El audífono capta las variaciones de presión acústica o sonido mediante un transductor de entrada denominado micrófono; la señal es modificada en función de las posibilidades técnicas del mismo, posteriormente es recogida por un transductor de salida o auricular, que se encarga de transformar esta señal en variaciones de presión acústica. Una vez tratado, el sonido es enviado al conducto auditivo externo mediante un adaptador anatómico denominado molde.

Por tanto, desde aquí te recomendamos que si eres una persona mayor y consideras que has perdido progresivamente audición, no lo des como algo normal de la edad, que sí que lo es, pero sin resignarnos a que puede haber una solución a nuestro problema debemos consultar con los especialistas, quienes te ofertarán el tratamiento más idóneo, que seguramente será la utilización de audífonos y, aunque el grado de beneficio puede variar dependiendo de las características de la pérdida auditiva, la mayor parte de las personas con presbiacusia pueden beneficiarse de su uso. Y si queréis más información sobre la hipoacusia en Audifonofactory.com podréis conseguirla"

domingo, 8 de febrero de 2015

Ser o no hipocondríaco

Hoy voy a tratar sobre un trastorno llamado la hipocondría, que se tiende a minimizar pero que a quien lo padece le limita bastante sus actividades cotidianas. Algunos la catalogan como una enfermedad por la que el paciente cree, infundadadamente, que padece alguna dolencia grave.
 
Algún psiquiatra como Sigmund Freud se atrevió a decir que era como estar enamorado de la propia enfermedad, inventada y buscada.

Se dan cifras aproximadas que aseguran que casi un 30% de las consultas a los médicos de atención primaria son por dolencias que están producidas por un trastorno psicológico como puede ser el estrés o la ansiedad. Sin embargo, sólo una minoría de éstos son hipocondríacos ya que para serlo deben cumplir tres requisitos, un miedo excesivo a desarrollar una enfermedad, que normalmente suele ser grave y mortal; una preocupación excesiva por creer que se tiene y, por último, tener la creencia y la certeza de que posee realmente esa enfermedad. 

Esta patología, a la cual la medicina no prestaba importancia, ya sí que está catalogada por los psiquiatras como un trastorno de ansiedad hacia la enfermedad a la cual hay que prestar atención y tratamiento.

Las personas hipocondriacas suelen tener una personalidad obsesiva, con un gran componente de ansiedad exageran sus síntomas mucho más que cualquier otra persona. Lo peor de todo es que el hipocondríaco no va a reconocer nunca que tiene un problema psicológico. Tiene una preocupación excesiva por su cuerpo, cuidándose en exceso y prestandole demasiada atención. Por ello, acuden muchas veces al médico y solicitan además hacerse múltiples pruebas buscando atención y dedicación. 

Para esta enfermedad existen terapias psicológicas que pueden curarla con una probabilidad de más del 80%, por ello el principal consejo para estos pacientes es acudir a un psicólogo para la evaluación y el posterior programa de intervención. Éste último irá dirigido a enseñarle conductas de afrontamiento ante la sintomatología, y una reeducación cognitiva de sus pensamientos.

Habrá que ayudarle a ser consciente de la irracionalidad de sus pensamientos y temores, haciéndole ver que las probabilidades reales de enfermar son mucho menores de lo que él cree.

Además debe realizar actividades que le distraigan y que no le den tiempo a pensar, pueden ayudarle a mitigar las preocupaciones o a conseguir, al menos, que éstas no vayan a más.

También debe evitar programas de tv, revistas  o conversaciones, relacionadas con enfermedades o con la salud, ya que le puedan evocar pensamientos o preocupaciones.

Por último, se les recomienda que tengan cuidado con las fuentes de información que utilizan, sobre todo internet, ya que es una fuente de información que tienen al alcance, que pueden consultar en cualquier momento, que puede no ser verídica, y que perjudican seriamente su trastorno.