lunes, 19 de enero de 2015

La temida muerte súbita

En estos días hemos podido leer en los diferentes medios de comunicación como una niña de tan solo 13 años, aparentemente sana, deportista, mientras disputaba un partido de baloncesto se sintió indispuesta y sufrió un episodio de muerte súbita por el cual falleció. Desde aquí quiero dar mi más sentido pésame a esa familia de deportistas que se estarán  planteando muchas preguntas sobre esta dolencia que, a día de hoy, algunas se encuentran sin respuesta desde el mundo científico.

Esta entidad la podemos definir como la aparición repentina e inesperada de una parada cardíaca en una persona que aparentemente se encuentra sana y con un buen estado de salud. El corazón, de repente y sin previo aviso sufre una arritmia cardiaca llamada fibrilación ventricular, que hace que el corazón pierda su capacidad de contraerse de forma organizada, por lo que deja de latir. Nos damos cuenta porque la persona que sufre un episodio de este tipo se marea y, en pocos segundos, pierde también el conocimiento y la capacidad de respirar. Si no recibe atención inmediata, mediante maniobras de reanimación cardiopulmonar, fallecerá al cabo de unos minutos.
Se debe a que de repente el corazón desarrolla una arritmia maligna, que llamamos así porque existe muchas otras arritmias que no provocan la muerte del paciente. Esta arritmia produce una actividad eléctrica cardiaca caótica que hace que el corazón no se contraiga y, por tanto, de forma inmediata el corazón y los demás órganos vitales dejan de recibir sangre y, por tanto, dejan de funcionar inmediatamente, sobre todo el cerebro que, aunque tras una reanimación de unos pocos minutos de la parada cardiaca la falta del riego en el mismo puede provocar lesiones cerebrales irreparables.
Esta arritmia maligna, generalmente la fibrilación ventricular, es muy rara en corazones de pacientes sanos. En personas mayores de 35 años, la causa más frecuente de ésta es el infarto agudo de miocardio y, en las personas jóvenes suele estar relacionada con enfermedades cardiacas previas que pueden afectar tanto al músculo del corazón (miocardiopatías, entre ellas la más frecuentemente asociada es la miocardiopatía hipertrófica), como a la activiadad eléctrica del mismo (el síndrome de Brugada o el síndrome de QT largo). 
 Lo más importante ante un episodio de este tipo es mantener la calma, llamar a los servicios de emergencia 112 inmediatamente y preguntar si existe en el recinto donde nos encontramos algún aparato desfibrilador, obligatorio en sitios públicos como aeropuertos, centros comerciales, etc. Si tenemos la suerte de disponer del desfibrilador es ésta la medida más eficaz que se puede aplicar y, cuanto más precoz, más posibilidades de que el corazón vuelva a tener su latido normal. Consiste en administrar al corazón una descarga eléctrica controlada con este dispositivo que, básicamente, lo que hace es descargar la actividad eléctrica de todas las células del corazón a la vez, recuperando su ritmo habitual normal.
Pero mientras aparecen los servicios sanitarios no debemos perder tiempo e iniciar inmediatamente técnicas de reanimación cardiopulmonar poniendo ambas manos en el centro del pecho del paciente y hacer compresiones hacia abajo con los brazos extendidos en ángulo recto respecto cuerpo de la víctima, comprimiendo el esternón hacia abajo unos 4-5 cm, con una frecuencia aproximada de 100 veces por minuto, e intentar que las compresiones sean rítmicas y regulares, es decir, con las mínimas interrupciones posibles hasta que la víctima recupera el conocimiento o hasta que llegue la asistencia médica.
 
Es muy importante saber que el pronóstico de los pacientes que sufren una muerte súbita depende fundamentalmente del tiempo que transcurre entre que el corazón se detiene y se desfibrila. Se calcula que por cada minuto de demora existe un 10 por ciento menos de posibilidades de que el paciente se recupere.
 
Por último decir que todo familiar directo de un paciente que haya sufrido un episodio de muerte súbita debe realizarse un estudio adecuado del caso ya que en muchas ocasiones existe una cardiopatía hereditaria. Establecer la causa de la muerte súbita no siempre es fácil, y se requiere un estudio muy complejo que debe ser realizado por personal cualificado.