martes, 16 de diciembre de 2014

La dermatitis atópica

En los últimos 30 años se han triplicado los casos de Dermatitis Atópica en los países industrializados, lo que puede llegar a convertirse en un problema emergente de salud pública. Actualmente el 20% de los niños menores de 7 años y el 10 por ciento de los adultos padecen este eczema atópico consistente en una inflamación crónica de la piel, que tiene un alto componente genético, ya que existe un 50% de probabilidades de que el niño de padres con Dermatitis Atópica también la padezca. Aunque no se debe perder de vista que el 80% de los casos de esta patología diagnosticados en la infancia mejora en su pronóstico antes de alcanzar la adolescencia.

La Fundación Jiménez Díaz ha puesto en marcha una Escuela de Dermatitis Atópica para niños y padres, cuyo objetivo es que éstos conozcan a la perfección los cuidados que requiere la enfermedad. El origen de esta patología es todavía desconocido y no existe aún una cura definitiva, de ahí la importancia de que los afectados conozcan los síntomas y cómo prevenirlos.

Al frente de este proyecto, llevado a cabo conjuntamente con la Fundación Dermatitis Atópica, se halla un equipo de especialistas en Pediatría, Dermatología Infantil y Enfermería que ayudará a los padres y niños a saber más sobre una dolencia que afecta sobre todo a los menores. La escuela incluye talleres en los que los más pequeños aprenderán técnicas básicas de autocuidado. La participación en la Escuela, de carácter gratuito, sólo precisa de inscripción (aunque creo que es de carácter presencial en Madrid).

La dermatitis atópica se caracteriza por la combinación de tres síntomas: piel seca, picor y lesiones eccematosas. La enfermedad suele cursar en forma de brotes con empeoramientos de los síntomas en casos de estrés, frío, sudor o uso de irritantes. Para llegar al diagnóstico suele ser suficiente con la historia clínica y un examen físico completo, aunque en algunos casos puede ser necesario realizar analíticas de sangre, pruebas de alergia o tomar muestras de piel para analizarlas con el microscopio. La complicación más frecuente es la infección de las lesiones, generalmente por bacterias. Ésta se produce por la entrada de microorganismos en la piel, debida, por un lado, a la pérdida de su función de barrera a causa de la inflamación y, por otro lado, al rascado persistente.
 
Con el objeto de contribuir a una difusión clara y sencilla de la información básica necesaria para los pacientes han elaborado este decálogo de recomendaciones:
 
  • Duchas cortas (máximo 10 minutos) una vez al día con agua tibia, evitando baños largos o con agua caliente.
  • Utilizar jabones suaves, neutros, con alto contenido en aceite (extragrasos) y sin perfumes.
  •  Evitar la fricción excesiva o el uso de esponjas ásperas.
  •  Hidratar la piel a diario mediante la aplicación de cremas hidratantes (emolientes), preferentemente tras la limpieza de la piel, con la piel húmeda. La vaselina líquida es una buena opción.
  • Cortar bien las uñas y mantenerlas limpias para evitar infecciones por el rascado.
  • Usar preferiblemente ropa de algodón o de fibras naturales, evitando materiales sintéticos o la lana.
  • Evitar cubrir excesivamente la piel, ya que el sudor puede empeorar los síntomas.
  • Evitar el uso de detergentes, suavizantes y otros productos irritantes. Puede lavar la ropa a máquina pero aclárela bien con un centrifugado extra.
  • Utilizar guantes para realizar las tareas domésticas.
  • En los bebés, cambiar los pañales cuando éstos estén húmedos.
  • No hay ningún alimento contraindicado en la mayoría de los casos. No obstante, si nota empeoramiento tras comer algún alimento, consúltelo con su Dermatólogo.
  • Evitar el exceso de calor y cambios bruscos de temperatura. La temperatura ideal está alrededor de los 20ºC.