martes, 1 de octubre de 2013

Alimentos para el buen humor y el relax

En el año 2000, un psiquiatra demostró que los ácidos grasos omega-3, presentes entre otros alimentos en las nueces, tenían un efecto antidepresivo y estabilizaban el estado de ánimo. Y unos años más tarde, otra investigación  determinó que personas saludables con un bajo nivel sanguíneo de omega-3 tienen más posibilidades de tener ideas pesimistas y deprimirse que quienes tienen valores normales de este ácido graso. 

Además, según otro estudio reciente de la Asociación Británica para el Manejo de la Ira, una dieta rica en omega-3 nos permite gestionar mejor las situaciones estresantes, hasta el punto de que reduce la hostilidad hacia los compañeros de trabajo y hasta evita que gritemos a otros conductores mientras circulamos por zonas de tráfico intenso.


El omega-3 del pescado también actúa como antídoto contra el estrés. Una investigación de la Universidad de Lausana, en Suiza, concluyó que tomar suplementos diarios de esta sustancia durante tres semanas reducía drásticamente la fabricación de hormonas relacionadas con el estrés, sobre todo de cortisol y adrenalina. 

Los ácidos grasos omega-3 son considerados ácidos grasos esenciales, que a pesar de ser indispensables para la salud no pueden ser sintetizados por el organismo humano, por lo que es necesario obtenerlo de los alimentos (caballa, atún, salmón, verduras de hoja verde...).

Este ácido graso no es el único ingrediente con efectos antidepresivos. La tristeza crónica también puede achacarse a bajos niveles de aminoácido treonina, un desequilibrio que, tal y como demostraron hace poco los científicos se puede combatir añadiendo a la dieta un puñado de semillas de sésamo. Por otra parte, las pipas de calabaza son ricas en zinc, un mineral que  mantiene a las neuronas vivas y es necesario para convertir el aminoácido triptófano en serotonina. A esto se suma que el azafrán también ha sido identificado como un remedio natural contra la depresión en un estudio reciente de la Universidad de Teherán, en Irán.

Además se sabe que las proteínas de los huevos, la carne o el pescado aportan al cerebro tirosina, un aminoácido que aumenta la producción de los neurotransmisores que mantienen la mente alerta, concentrada y productiva (dopamina y noradrenalina). Cuando caen los niveles de tirosina sufrimos apatía y falta de motivación.

Si las proteínas consiguen espabilarnos y aceleran el pensamiento, la relajación suele venir de la mano de los hidratos de carbono (patatas, pasta, arroz, miel, plátanos, frutos secos, palomitas...). Estos alimentos inducen la liberación de insulina, que elimina de la sangre casi todos los aminoácidos excepto el triptófano, que ejerce un efecto calmante. Según han demostrado los expertos, el triptófano es la materia prima que usa el cerebro para producir serotonina, el neurotransmisor del bienestar, que además reduce el dolor y el apetito y ayuda a conciliar el sueño. Eso sí, tal y como advierten los autores hay que tener en cuenta que, si en el plato se mezclan carbohidratos con proteínas, el efecto calmante de los primeros se anula.

Según los psiquiatra el cambio de hábitos alimentarios puede hacer mella en toda una sociedad, así se sabe que la incidencia de depresión severa, e incluso de homicidios, es mucho menor en los países donde se consume mucho pescado, como Japón, especialmente si es rico en omega-3 (el salmón, la sardina, el atún y la caballa). El omega-3 aumenta la producción de serotonina, la hormona del bienestar. Por eso, la violencia pandémica en la sociedad occidental podría estar relacionada con la alimentación, señalan los especialistas, haciendo alusión a que consumimos mucha carne y poco pescado. 

Fuente: Muy Interesante