martes, 10 de septiembre de 2013

La crisis afecta a la salud

La crisis actual no es sólo económica sino también una crisis social que está teniendo importantes consecuencias negativas en la salud de la población.

 Los expertos definen la crisis actual como una crisis sistémica, que va más allá del escenario económico. Se trata de una crisis ecológica, con modelos de desarrollo insostenibles, y de una crisis política institucional, dada la gran brecha existente entre la población y la élite política.

Además, estamos ante una crisis de valores y una crisis psicológica. En este sentido, hay una epidemia del miedo, provocada por una situación de incertidumbre y falta de esperanza acumuladas en el tiempo, lo que está generando importantes problemas de salud mental en la población.

 Aunque estamos en un momento preliminar para valorar el impacto que la crisis está teniendo en la población, si existen evidencias claras de estos efectos nocivos. Nos encontramos en una situación de emergencia de la salud pública, porque la crisis está afectando a los determinantes de la salud.

No podemos olvidar cómo ha repercutido la crisis y las medidas de austeridad en las políticas sanitarias y en los recursos disponibles en diferentes países europeos. Esto, ha tenido un impacto directo en la salud pública, tomando como ejemplo el caso de Grecia, donde los efectos han sido especialmente llamativos.

 Los recortes han supuesto un incremento de las enfermedades infecciosas como el VIH, medicamentos no disponibles, largas listas de espera y, en definitiva, un incremento de la necesidad médica. El incremento del 45 por ciento de suicidios entre los años 2007 y 2011, o el 19 por ciento de incremento en el nacimiento de bebés con bajo peso y el 38 por ciento de la mortalidad infantil entre 2008-2010, son algunos datos que evidencian los efectos que la crisis está teniendo sobre la salud de la población.

 Y aunque los países con economías emergentes sufren la crisis, son los países en desarrollo a los que azota más fuerte, además detrás de los recortes a los servicios públicos está la brutal cantidad de ayudas públicas para salvar bancos privados. En esta línea, se necesitan importantes cambios en la "gobernanza global general", para paliar los efectos negativos que las políticas económicas están generando en la salud de la población en general.

Insomnio, dermatitis, problemas de estómago,.palpitaciones. La crisis no afecta sólo al bolsillo, también lo hace a la salud. Desde principios de 2008, cuando la palabra utilizada -aunque con un poco de sorna para algunos- aún era desaceleración, la salud de los españoles ha empeorado. Las consultas al médico por problemas de ansiedad o depresión relacionadas con la mala situación económica han aumentado en torno a un 5%. La prescripción de psicofármacos ha crecido un 15%. Además, muchos ex fumadores han vuelto a recaer. Los problemas en el trabajo -propios y ajenos-, el paro, la falta de dinero y los gastos que no paran de crecer han ido haciendo mella cada vez más en el físico y la mente de los ciudadanos.

La crisis ha llegado en un momento delicado para la salud pública, según alerta la propia Organización Mundial de la Salud (OMS). La recesión ha empujado la pieza de dominó provocando una reacción en cadena. Conforme crece el desempleo, fallan las redes de protección social, se reducen los ahorros, los fondos de pensiones y disminuye el gasto en salud, aumenta la ansiedad en la población y las enfermedades mentales. La salud, en definitiva, dice la OMS, se resiente.

Los datos hablan por sí solos. El 85% de los españoles que tiene problemas de insomnio asegura que éstos están relacionados con el trabajo. Además, el 52% de los desempleados afirma que no logra conciliar el sueño por la búsqueda de empleo. No sólo esto, las consultas a los especialistas por patologías relacionadas con situaciones de estrés han aumentado, también el consumo de ansiolíticos. El consumo de benzodiacepinas (tranquilizantes y ansiolíticos) se ha incrementado un 15%. Un aumento que los expertos achacan también a la más que manida crisis.

El patrón se repite cada vez más en las consultas de los médicos de familia, los primeros a los que acuden los pacientes. El paro, la repercusión de las dificultades económicas en el entorno familiar o el aumento de los problemas para pagar la hipoteca son acontecimientos estresantes que influyen en el bienestar psicológico de las personas.

Los pacientes acuden al médico con problemas de estómago -desde malas digestiones hasta diarreas o dolor-, enfermedades de la piel o cuadros de ansiedad. Las cuestiones psicológicas nos afectan también físicamente, mucha gente somatiza sus problemas en forma de diferentes patologías, desde el estudiante que tiene diarrea antes de un examen hasta la persona a la que se le empieza a caer el pelo porque está al borde de la bancarrota.

Gran parte de la población se ahoga, y no sólo por los efectos del gran agujero que la situación ha provocado en sus bolsillos. Muchos, hace meses que perdieron su trabajo y ahora no encuentran empleo. Es por ahí por donde pierden el aire, sufren ataques de ansiedad, se asfixian. En realidad se trata de una de las reacciones -o "trastornos de adaptación"- más comunes, consecuencia de la situación de estrés ambiental. La gente ve desbordadas sus defensas por las circunstancias y empieza con cuadros de ansiedad que se expresan como somatizaciones: palpitaciones, sensación de falta de aire, mareo, hormigueo, diarrea... El catálogo es innumerable.

La situación económica le ha quitado el sueño a más de uno. El descanso es uno de los factores que más se resienten cuando las cosas van mal. Esas reacciones provocadas por el estrés ambiental pueden causar además enormes dificultades para conciliar el sueño. También para mantenerlo durante toda la noche. Un trastorno que los expertos denominan insomnio transitorio y que es bastante habitual. Se estima que el 40% de la población puede padecerlo a lo largo de su vida por diferentes causas. Una patología que, en principio, no dura mucho pero que, si no se trata, puede hacerse crónica. Si el insomnio está causado por un problema suele remitir cuando la dificultad desaparece. Pero esto no sucede siempre. Puede permanecer, es el caso, por ejemplo, de alguien que ha perdido a un ser querido y deja de dormir. Pasa el tiempo y, cuando el duelo y el problema han desaparecido, el insomnio se queda. Nos cambia el ritmo. Se han instaurado mecanismos que perpetúan el insomnio: variaciones en los horarios de sueño, cambios en la toma de sustancias... desde alcohol a medicamentos para dormir. Es la pescadilla que se muerde la cola. No dormir provoca mucho cansancio durante el día. Esto hace que la persona que no ha descansado y que se siente exhausta tome café o sustancias excitantes para despertarse. A la vez, el afectado va adoptando el hábito de acostarse cada vez más tarde...  Despierta mecanismos de estrés que mantienen a la persona en alerta y tensión durante el día y que luego, por la noche, son muy difíciles de desactivar.
Entre un 8% y un 12% de la población española padece insomnio crónico. Una patología que puede causar desde alteraciones hormonales hasta enfermedades cardiovasculares e inmunológicas.

Pero a otras personas le afecta de otra forma en su salud la crisis, y es el picor conocido técnicamente como prurito, eczemas en  los pliegues de los brazos, de las piernas, en el cuello y en la espalda. También habrá enfermedades que se vean agravadas por un trastorno emocional como es la psoriasis, una patología que puede agravarse o desencadenarse, si se tiene predisposición, por una situación emocional. Hay muchas otras: prácticamente todos los tipos de eccema, la alopecia ariata (pequeñas calvas en la cabeza), el liquen plano (pápulas violáceas que salen en las muñecas o en la región lumbar), la alopecia o incluso el acné.

Pero la crisis no afecta a la salud en forma de diversas enfermedades o malestares. Los expertos reconocen, además, que la recesión que vive el mundo en estos momentos es una mala época para abandonar los hábitos dañinos y abrazar la vida saludable. En malos tiempos para la economía los expertos aseguran que se reducen un 13% las posibilidades de que un fumador deje el tabaco. Este año, además, ha habido un 7% menos de personas que han intentado dejar de fumar.

Existe el riesgo del aumento del consumo de tabaco, alcohol y otras sustancias perjudiciales debido a la crisis, tal y como ha ocurrido en el pasado. Además, son muchos los que, cuando vienen mal dadas, vuelven a recaer en el tabaquismo. Para un fumador, una manera clásica de calmar la ansiedad es volver al tabaco.

Hay que estar ojo avizor a cómo afectará o está afectando la situación al funcionamiento del sistema sanitario. Los expertos advierten de que, en los países donde es habitual el uso de mutuas o seguros privados o semiprivados, la falta de medios económicos puede hacer a los usuarios abandonar esas pólizas y volver a la sanidad pública. Una tendencia que se producirá, según la OMS, en un momento en que los sistemas públicos de muchos países están ya muy sobrecargados y cuentan con financiación insuficiente.

Pero las psoriasis, el insomnio, los ataques de ansiedad o incluso las posibles futuras colas interminables en la consulta del médico quedan relativizadas si se echa una ojeada a cómo puede afectar la crisis a la sanidad de los países menos desarrollados. Allí, la recesión económica puede tener consecuencias catastróficas.

La OMS pinta para esos millones de personas que viven en los países subdesarrollados un panorama desolador: aumentará la malnutrición y el número de muertes por enfermedades diarreicas, habrá más tormentas e inundaciones que causarán muertes y lesiones, y habrá brotes más frecuentes de cólera; las olas de calor y el cambio climático podrían alterar la distribución geográfica de vectores de enfermedades, como los insectos transmisores de malaria y dengue. Y lo peor, los gobiernos no tendrán fondos para afrontarlo.

Además, las consecuencias nefastas también pueden ser contagiosas. Podría empezar a interrumpirse el suministro de medicamentos, sobre todo de los necesarios para tratar enfermedades como el sida, la tuberculosis y la malaria. Interrupciones que pueden acelerar el desarrollo de resistencia a los medicamentos.

Pero la OMS incide sobre todo en que la derivación de la crisis puede ser fatal para la salud mental. Esta organización de Naciones Unidas alerta de que la pobreza y la pérdida de nivel adquisitivo lleva asociada un cuadro de estrés que, sumado a situaciones de desempleo y exclusión social, a contextos de violencia y constante inseguridad, pueden derivar en grandes problemas. Constituyen, dicen, un cóctel explosivo para el bienestar psíquico.
Fuente: Jano y El País