jueves, 2 de mayo de 2013

La soledad repercute en la salud


Por el Dr. Sergio Martínez Cuéllar
Según un estudio reciente, publicado en la revista Proocedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y liderado por el epidemiólogo Andrew Steptoe, del Colegio Universitario de Londres, las personas mayores que se sienten solas y que tienen poca vida social presentan un nivel de mortalidad más alto que el resto de sus coetáneos.
El aislamiento social es una condición voluntaria que prevé un nivel de interacción mínimo o nulo con otros individuos. Por otro lado, la soledad es un estado emocional que sienten aquellas personas insatisfechas con sus relaciones sociales o carentes de ellas.
Con el objetivo de entender la diferencia entre el estar solo y sentirse solo, los investigadores llevaron a cabo un estudio para determinar los diferentes niveles de soledad de 6.500 británicos mayores de 52 años de edad.
Los resultados pusieron de manifiesto que los individuos socialmente más aislados presentan un riesgo de muerte un 26 por ciento superior al del resto de sujetos de la muestra, independientemente del sexo, de la edad y de otros factores asociados a la supervivencia. El mismo valor fue encontrado a la hora de analizar la relación entre los fallecimientos y las declaraciones de aquellos probandos que manifestaron un sentimiento de soledad acentuado.
No obstante, a la hora de tener en cuenta otros factores relacionados con la supervivencia, tales como el bienestar económico, el nivel educativo y los problemas de salud, los análisis mostraron que la soledad en sí no convierte a la gente en más vulnerable. Los investigadores sospechan, por tanto, que el incremento de la mortalidad se debe al escaso cuidado que reciben las personas mayores con pocas interacciones sociales. Según ellos, a pesar de que muchas personas se sienten felices de vivir en un estado de aislamiento social, estas deberían tener contactos regulares con otros individuos, para que les puedan aconsejar y ayudar en momentos críticos de cualquier naturaleza.

Fuente:  Investigación y ciencia