martes, 11 de septiembre de 2012

La paleodieta

Sergio Martínez
Médico
El doctor estadounidense Loren Cordain ha acuñado el término paleodieta para resumir la alimentación humana preagrícola: es la que nuestra especie ha frecuentado durante el 95% de su existencia, la que nos ha modelado, a la que estamos adaptados.
Carlos Pérez, máster en Psiconeuroinmunología, ha llegado a la conclusión de que la paleodieta es la clave para recuperar la salud y el bienestar.
La paleovida es el estilo de vida que modeló a la especie humana y consiste en movernos (caminar, correr, saltar, empujar, arrastrar, escalar, trepar, etc) y comer según cierta dieta.
La dieta que nos hizo como somos es la del hombre paleolítico: la paleodieta. Comía pescado y crustáceos. Verduras, bulbos, bayas y frutas. Y carne y tuétano.
Somos ¡Carnívoros! Las grasas de la carne nos dieron energía, acortaron el intestino y acrecentaron el cerebro. ¡Necesitamos grasas!
Las grasas de buena calidad... ¡nos adelgazan! El aceite de oliva virgen extra crudo, los frutos secos y el aguacate, grasas del pescado y de la carne de caza... o de animales que hayan correteado por el campo.
La carne de animales en cautividad es grasa insana. Si el animal corretea, su grasa se infiltra en la carne ¡y es saludable!
Somos humanos desde hace 76.000 generaciones. Hace sólo 200 generaciones que comemos como ahora. Y hace sólo siete generaciones que comemos azúcares refinados y grasas trans (bollería).
Nuestro genoma necesita miles de años para adaptarse a cambios del entorno. Por eso padecemos intolerancias alimentarias: ¡en 200 generaciones no hemos tenido tiempo para adaptarnos a lo que comemos!
Hace 200 generaciones comenzó la agricultura y la ganadería: el paleolítico deja paso al neolítico... y empezamos a comer alimentos nuevos, como cereales (trigo, cebada, centeno, arroz...), harinas (de cereales o legumbres), lácteos, azúcares y ciertos aceites vegetales.
Metabolizar eso nos desgasta y causa intolerancias, cefaleas, malestares, inflamaciones, acné, obesidad, diabetes, patologías...
Para beber necesitamos la sed. Somos hijos de la sed, pero hoy estamos matándola. ¡Recupera la sed! Con sed, beber agua es un placer inolvidable.
No tenemos sed porque nos pasamos el dia bebiendo: un café con leche, un refresco, una copa de vino, otro café, una caña... ¡Estás matando tu sed!
No ingieras líquido alguno (ni fruta jugosa) durante un día: recuperarás la sed. Y entonces..., ¡ah, bebe agua! Sentirás tanto placer... que no querrás ya beber otra cosa, seguro.
Comer un poquito cada pocas horas... fatiga el intestino. ¡Déjalo reposar! El hombre paleolítico pasaba largas horas sin comer nada..., buscando comida. La sed y el hambre nos modelaron,
El hombre paleolítico no desayunaba fuerte. Salía en busca de comida... ¡y se movía! Porque desayunar fuerte te pide luego reposar...
Se puede comer a mediodía, ¡con hambre y alegría! Y abundantemente: estamos diseñados para comer mucha cantidad de golpe cuando se puede.
Luego un reposo. Y ya no necesito comer nada durante seis o siete horas. Y mi intestino me lo agradece. Ya de noche, una cena ligerita.
Que nos dé un poco el sol en la piel. ¡Todo esto es la base para tener energía, salud y recursos para ser más feliz! Por desgracia, estamos involucionando como especie...
Destierra lácteos, pan, pasta, galletas y azúcares: te causan una inflamación subclínica que tiene a tu organismo siempre alerta, agotado, lo que generará patologías autoinmunes, diabetes... ¡La mejor medicina es comer como tus ancestros paleolíticos!