martes, 10 de julio de 2012

Fiebre en los niños

En muchas familias el concepto que se tiene de la fiebre no es el de ser un elemento de defensa contra las infecciones, sino que por el contrario, se le considera como un enemigo al que hay que combatir contundentemente recurriendo a medicamentos antitérmicos, desnudando a los niños, dando baños en agua templada, aplicando friegas de alcohol o empapándoles con paños fríos.
Hay familias que creen que la fiebre en sí misma es causante de alteraciones neurológicas irrecuperables, retraso mental, sordera, ceguera, coma o, incluso, que puede provocar la muerte. Nada de esto es cierto. A este miedo a la fiebre se le denomina ‘fiebrefobia’.
Las razones de la fiebrefobia se remontan tiempo atrás, cuando no se distinguían los síntomas de las enfermedades, y así, si un niño padecía una meningitis y quedaba con secuelas, éstas se le atribuían al síntoma más evidente (fiebre) y no a la causa (infección).
Por otra parte, con la llegada de los medicamentos para bajar la fiebre se ha creado una sensación de control de la enfermedad a través de modificar temporalmente sus síntomas, lo que evidentemente no es cierto. Esta actitud se ha perpetuado en los últimos años, no sólo por el hábito creado en las familias, sino también por la recomendación de muchos médicos de bajar la temperatura, un hábito asociado a la aparente ausencia de complicaciones de los medicamentos empleados.
Lo importante es vigilar los signos de gravedad que se pueden asociar a la fiebre, que son los que van a indicarnos cuándo debemos consultar con carácter urgente al médico o pediatra. Es decir, saber o sospechar si la infección causante de la fiebre es grave o no.

Son motivos para acudir urgentemente al médico si el niño tiene alguno de estos síntomas:
            -Presencia de petequias.
            -Irritabilidad permanente.
            -Llanto inconsolable.
            -Convulsión.
            -Pérdida de conciencia.
            -Dificultad respiratoria acompañada de tiraje costal o con presencia de silbidos en el pecho.
           -Ausencia de orina.
           -Deshidratación (lengua seca, ausencia de saliva, piel poco elástica, ojos hundidos, ausencia de lágrimas).
           -Siempre que el bebé sea menor de tres meses

Fuente: webconsultas.com