martes, 31 de julio de 2012

Cuidado ante la exposición al sol

La llegada del buen tiempo se acompaña de un aumento del tiempo de exposición al sol, lo cual tiene beneficios importantes para nuestra salud, mejorando la absorción de vitamina D, favoreciendo la circulación sanguínea, influyendo de forma positiva en el mantenimiento de un buen estado de ánimo, previniendo la aparición de la depresión, y mejorando nuestras capacidades cognitivas, debido a su efecto en determinados neurotransmisores del sistema nervioso central.
Sin embargo, el aumento del tiempo de exposición al sol debe hacerse de forma equilibrada y previniendo los efectos negativos que esta exposición puede conllevar.
Nuestra piel posee una sustancia denominada melanina, que protege la piel de la radiación solar. Esta sustancia es responsable del color de nuestra piel (más o menos bronceada) y del color de nuestros ojos.
Las personas que poseen menos melanina (piel y ojos claros) son más vulnerables a los efectos perjudiciales de la radiación solar.
Es necesario evitar la exposición al sol en los periodos en que ésta es más intensa, debido a la posibilidad de aparición de quemaduras solares y, a largo plazo, la posibilidad de aparición de lesiones degenerativas o neoplásicas en la piel como el cáncer dermatológico.
Se ha demostrado que la exposición inadecuada al sol ya desde edades tempranas (niñez y adolescencia) aumenta el riesgo de padecer estos trastornos.
Para evitar las lesiones en la piel por exposición al sol es necesario utilizar prendas protectoras y cremas de protección solar.
Del mismo modo es necesario utilizar gafas de protección ocular (gafas de sol) debidamente homologadas para evitar que las radiaciones perjudiciales del sol dañen nuestros ojos.
Además, es necesario hidratarse adecuadamente con bebidas que incluyan no sólo líquidos, sino, también, sales minerales, como el gazpacho, los batidos y zumos de frutas y verduras, etc.
En el caso de los niños hay que ser particularmente cuidadosos, debido a su especial fragilidad y sensibilidad ante cualquier exposición inadecuada al sol. El porcentaje de agua corporal de los niños es superior al de los adultos y su riesgo de deshidratación es, por ello, más elevado. También las consecuencias negativas de una exposición inadecuada al sol ya desde la infancia son mayores.