martes, 14 de febrero de 2012

Cuidado con las actividades deportivas de competición en los niños

por Juliana Martin
Enfermera
Hospital Dr Negrin. Las Palmas
El deporte es una forma estupenda de que los niños se lo pasen bien, se mantengan en forma, mejoren sus habilidades y hagan amistades. Pero no todo es diversion y juego en la pista o el campo de juego. La presión por el éxito puede ser excesiva y también puede provocar mucha frustración y muchas lágrimas.

En algunos casos es el mismo niño quien se impone esa presión deportiva. Algunos niños son perfeccionistas por naturaleza y son demasiado exigentes consigo mismos cuando las cosas se tuercen. Pero lo más frecuente es que la presión deportiva sea de carácter externo: los niños intentan satisfacer las exigencias de un padre, un entrenador u otra figura de autoridad y acaban teniendo la sensación de que ganar es la única forma de conseguir la aprobación del adulto a quien respetan.

En cualquier caso, el modo en que los niños aprenden a afrontar la presión deportiva —y el modo en que los adultos les enseñan a hacerlo— no solo repercute sobre su rendimiento y diversión en el deporte sino que puede tener un impacto duradero sobre cómo afrontar desafíos similares a lo largo de la vida.

El estrés es un arma de doble filo. Por un lado, prepara al cuerpo para afrontar los retos con concentración, fuerza, resistencia y un nivel de alerta acrecentado. Por otro lado, un exceso de estrés puede agotar la energía y el empuje del niño, provocando una sensación de agotamiento y de estar "quemado" con el deporte.

Los acontecimientos que provocan estrés se denominan factores estresantes, y pueden ser positivos (como intentar impresionar a un compañero fuera del campo de juego) o negativos (como intentar participar en un partido tras la muerte repentina de un ser querido).El estrés positivo proviene del hecho de participar en algo que es divertido y desafiante. Este tipo de estrés nos llena de energía, nos anima y nos mantiene alerta, aportándonos una chispa saludable en las tareas que tenemos que afrontar.
El estrés negativo llega cuando tenemos que afrontar una cantidad excesiva de exigencias no deseadas. Si su hijo se ha peleado con un buen amigo, ha perdido el autocar escolar y se ha olvidado los deberes en casa, es probable que le resulte bastante difícil llegar al partido de tenis de la tarde con una actitud y predisposición adecuadas

Lo más probable es que los padres sepan detectar la diferencia entre si su hijo tiene un estrés positivo o negativo simplemente fijándose en las interacciones del niño durante el partido. Por ejemplo, ¿está su hijo concentrado y preparado para actuar o los nervios le impiden dar lo mejor de sí mismo? ¿Cómo encaja los errores? ¿Tiene un espíritu deportivo o se le descontrolan fácilmente las emociones? Por descontado, algunos de estos comportamientos están relacionados con la personalidad del niño. Como ocurre con los adultos, hay niños que saben conservar la calma cuando están bajo presión y otros a quienes les resulta más difícil hacerlo.


No obstante, algo que puede ser un poco más difícil de detectar es el papel que usted y otros adultos de confianza desempeñan en el modo en que su hijo aborda las situaciones estresantes. Por ejemplo, los padres que enfatizan demasiado los logros deportivos de sus hijos corren el riesgo de añadirles todavía más estrés.

Por descontado, es bueno que su hijo vea que usted se interesa por sus actividades, pero hay una línea muy fina entre animar mucho a un niño y apretarle demasiado. Los padres excesivamente entusiastas o ambiciosos con los logros deportivos de sus hijos tienden a reaccionar de forma desaforada ante los errores, los partidos que pierden y los entrenamientos que se saltan sus hijos, lo que a menudo hace que los niños tiendan a hacer lo mismo. Y, cuando un niño se hunde ante sus errores, desaprovecha una importante oportunidad para aprender a resolver problemas y a desarrollar la resistencia.

De forma similar, analice su comportamiento fuera del campo. Las palabras tienen un poder increíble, de modo que utilícelas con mucho cuidado, sobre todo cuando usted no coincida con el criterio del entrenador o del árbitro. Elogie el esfuerzo de su hijo y de otros jugadores con comentarios específicos, incluso cuando pierdan, y ofrézcales críticas constructivas una vez se hayan calmado los ánimos. Asegúrese de que su hijo sabe que usted entiende que un partido, en el fondo, no es más que un partido.

El hecho de practicar deporte puede transmitir muchas lecciones vitales de gran importancia: valorar el trabajo de equipo, superar retos, controlar las emociones y enorgullecerse de los logros, pero solo si usted no se inmiscuye y permite que su hijo las aprenda por sí mismo. De hecho, si usted es capaz de mantenerse al margen, demostrará a su hijo que confía en que él puede abordar las situaciones por sí mismo.

Fuente: KidsHealth.org