viernes, 8 de julio de 2011

Conjuntivitis

La conjuntivitis es una inflamación de la conjuntiva, generalmente causada por virus, bacterias o una alergia.
La conjuntiva puede resultar inflamada debido a una reacción alérgica al polvo, el moho, la caspa animal o el polen, y puede verse irritada por la acción del viento, el polvo, el humo y otras clases de agentes que producen polución del aire. También puede sufrir irritación debido a un resfriado común o un brote de sarampión. La luz ultravioleta de una soldadura eléctrica de arco, una lámpara solar o incluso la intensa luz solar reflejada en la nieve pueden irritar la conjuntiva.
En ciertos casos, la conjuntivitis puede durar meses o años. Esta clase de conjuntivitis puede ser causada por procesos en los que el párpado se tuerce hacia fuera (ectropión) o hacia dentro (entropión), problemas con los conductos lagrimales, sensibilidad a ciertos productos químicos, exposición a sustancias irritantes e infección causada por una bacteria en especial (típicamente la clamidia).
Cuando está irritada, la conjuntiva se ve enrojecida por la sangre y suele aparecer una secreción en el ojo. En la conjuntivitis bacteriana, la secreción puede ser espesa y blanca o cremosa. En la conjuntivitis vírica o alérgica, la secreción es en general clara. El párpado puede hincharse y picar intensamente, en especial en casos de conjuntivitis alérgicas.
En general, la conjuntivitis resulta fácilmente reconocible porque suele tener lugar junto con un resfriado o una alergia. A veces, sin embargo, la conjuntivitis semeja una iritis, una inflamación ocular más grave, o incluso un glaucoma agudo (procesos graves que pueden ocasionar la pérdida de la visión). El médico generalmente puede diferenciar estas enfermedades. En los procesos oculares más graves, los vasos sanguíneos más cercanos a la parte coloreada del ojo (el iris) se ven muy inflamados. A pesar de que la conjuntivitis puede provocar una sensación de quemazón, suele ser menos dolorosa que los procesos más graves. La conjuntivitis casi nunca afecta la visión, a menos que la secreción cubra temporalmente la córnea.
El tratamiento para la conjuntivitis depende de su causa. Los párpados deberían lavarse suavemente con agua del grifo y un paño limpio para mantenerlos limpios y libres de secreción. Si la causa es una infección bacteriana, pueden recetarse gotas o una pomada con antibiótico. En ocasiones, el médico toma una pequeña muestra de la secreción con un bastoncito con punta de algodón, para analizarla en un laboratorio y luego prescribir el tratamiento según los resultados de la prueba. Las gotas oftálmicas con corticosteroides no se utilizan junto con los antibióticos y nunca deberían ser utilizadas por un paciente que pudiera tener una infección por herpes, porque los corticosteroides tienden a empeorar esta infección.
Los antibióticos no alivian la conjuntivitis alérgica o vírica. Los antihistamínicos orales pueden aliviar el picor y la irritación. Si no es así, las gotas con corticosteroides pueden resultar beneficiosas.
Como la conjuntivitis infecciosa es muy contagiosa, el paciente debería lavarse las manos antes y después de lavarse el ojo o aplicarse la medicación. Además, debería evitar tocar el ojo sano después de tocarse el ojo infectado. Las toallas y los paños que se utilicen para limpiar el ojo no deberían mezclarse con las otras toallas y paños.
A veces se necesita recurrir a la cirugía para corregir la alineación de los párpados o para abrir los conductos lagrimales obstruidos.