lunes, 4 de abril de 2011

El profesionalismo médico

El otro día leía una reflexión que me mandó un amigo, donde me hacía caer en la cuenta en qué generación nos ha tocado vivir. Una generación que es incapaz de quejarse, y si lo hacemos es en grupitos pequeños donde la reclamación se queda en saco roto. Es decir sólo reaccionamos, no actuamos, esperamos a que alguna actuación política nos toque la fibra o el bolsillo para poner el grito en el cielo. Si, sólo eso, gritar pero no actuar. Esperamos siempre que llegue alguien que nos solucione el problema. Y si nosotros, nuestra generación es así que podemos esperar de las generaciones futuras, de nuestros hijos que se están formando, que están aprendiendo de nuestras actuaciones en la vida pública y privada.
Pues bien esta realidad se vive desde hace muchos años con la profesión médica, desde que la ideología de los negocios se infiltró en el mundo de la medicina. Los médicos hemos dejado que políticos y gerentes hayan manipulado la medicina según sus propios intereses.
Los médicos no pueden permanecer en silencio y dejar que un pequeño grupo de políticos de la medicina se ocupe de que se cumplan los principios fundamentales del profesionalismo médico, es decir el principio de la primacía del bienestar de los pacientes, el principio de autonomía de los pacientes y el principio de la justicia social. La tarea del médico no sólo implica su compromiso personal con el bienestar de los pacientes, sino que también debemos implicarnos más en todas aquellas actividades sociales que puedan mejorar el sistema de prestación de la medicina, por el bien de toda la sociedad y sin buscar nuestro propio beneficio.
Debemos quitarnos de la cabeza que esta responsabilidad de que se cumplan estos principios no es tarea de unos pocos, sino de todos y cada uno, tomando los problemas con los enfrentamos día a día e intentar buscarles solución fuera de nuestro ámbito de trabajo. Y para ello no hace falta afiliarse a un sindicato o a un partido político de la oposición gobernante, no se necesita más que darle luz a través de tareas tan sencillas como escribiendo una carta a un periódico, o una reflexión a un blog como este.