lunes, 11 de abril de 2011

Adolescentes con enfermedades crónicas

Se estima que uno de cada diez adolescentes españoles sufre algún tipo de enfermedad crónica y se prevé que esta cifra vaya en aumento debido a que los avances científicos hace que niños con enfermedades mortales hace unos años hoy pueden sobrevivir muchos años, aunque con algún tipo de secuela.
Según los especialistas, el control y tratamiento que exige una enfermedad crónica resulta especialmente difícil de seguir para los adolescentes, ya que están experimentando una transformación biológica y social en la transición a la edad adulta. El cerebro del adolescente no funciona como el de un adulto hasta los 25 años, y esto es muy importante para ser capaz de controlar la enfermedad. Por ello, el papel de la familia y de los médicos es de vital importancia para ayudar al adolescente a ser capaz de autogestionar su enfermedad al mismo tiempo de que puedan acceder a su vida adulta como personas autónomas.
No hay ninguna duda de que la adolescencia puede resultar mucho más difícil cuando se tiene que hacer frente a un problema de salud. Aparte de las presiones sociales por encajar y ser aceptado por el grupo, éste es un período de aprendizaje sobre el cuerpo y de comprensión del propio cuerpo. En una etapa donde es natural preocuparse por la imagen corporal, puede ser muy duro sentirse diferente. Es comprensible que de vez en cuando un adolescente sienta sencillamente que no puede más y que está harto de tener que vivir con una enfermedad crónica.
Incluso aquellos adolescentes que convivieron bien con su enfermedad durante la infancia pueden sentir el acuciante deseo de llevar una vida normal, sin medicinas ni limitaciones y sin tener que cuidar de sí mismos de ninguna forma especial. Es una reacción completamente normal. Algunos adolescentes que han aprendido a controlar su enfermedad se sienten tan sanos y fuertes que se llegan a cuestionar si necesitan continuar con el programa de tratamiento. Por ejemplo, un adolescente con diabetes puede plantearse la posibilidad de saltarse una comida mientras está de compras en unos grandes almacenes o de medirse el nivel de azúcar en sangre después del entrenamiento en vez de antes. Adaptarse a vivir con una enfermedad crónica exige tiempo, paciencia, apoyo y ganas de aprender y de participar en el cuidado de la propia salud.