lunes, 24 de enero de 2011

Testimonio de Sergio, un usuario de nuestro sistema sanitario:

El amigo Sergio me hizo llegar esta carta donde quería transmitirme sus vivencias como usuario de la sanidad, léanlo porque no tiene desperdicio:

Dice así:

"Este es mi testimonio, es largo, amargo, pero real, nada hay mejor que encontrar dónde expresar la amargura y el horror que le produce a uno la injusticia. Les quiero contar mi experiencia con unos graves problemas de espalda que padezco, por los que un día me dijo el especialista: “Usted no tiene nada, mírelo, aquí está todo bien”, decía aquel individuo esgrimiendo las radiografías que mi médico de cabecera me había mandado hacer diez meses atrás. De repente, todo mi mundo se acabó de hundir cuando aquel sinvergüenza tiró a la papelera el informe que tan cuidadosamente había preparado mi médico y arrojó sin miramientos las radiografías a la mesa, sin molestarse en enfundarlas y dando por concluida aquella visita que había empezado llamándome caradura por haber ido a pedir la baja sin tener enfermedad alguna. Yo le había replicado que las bajas me las da mi médico y que hasta un bobo puede ver las dos vértebras escachadas que se reflejan en la radiografía. Que no había esperado tanto tiempo si no me doliera horriblemente la espalda, tuviera pinchazos y se me aflojaran las piernas hasta hacerme caer. Sólo le pedía una resonancia y hablar después, pero el caballero adoptó cara de ofendido en su dignidad profesional, esbozó una mueca torcida a modo de sonrisa y me dijo: “¡Cómprese unas zapatillas con cámara de aire y póngase a caminar y adelgace, que lo único que usted tiene es mucha barriga!”

Entonces mi médico de cabecera me dio otra solución: búscate la vida. Yo te pongo en un papel lo que tú quieres y tú te vas con eso a una clínica y te pagas la resonancia, otra cosa no puedo hacer. Y cuando vuelvo con la resonancia y medio sueldo menos de aquel mes en que todos en mi casa perdemos calidad de vida por ello, al médico casi le da un telele: Tengo dos hernias discales por una protrusión que está llegando a los riñones, se ven más negros aquellos discos que mi futuro. Y la estenosis. Y hasta un quiste de Tarlov, dice un informe médico

Por lo pronto empiezo a consultar neurocirujanos, particulares, a un pastón cada visita, y empieza mi travesía del desierto. Afortunadamente, me pude encontrar con algún médico amigo, que quizá ahora lea esta pesada carta, y se me aclararon las ideas. Fui por el camino correcto, pero qué largo es. Estoy esperando por un tac en el Negrín y ya tengo asignado cirujano. Pero en medio de estos meses se han sucedido los ataques ciáticos y lumbares; las visitas a urgencias, que se han saldado con diez de Voltarén y otro tanto de Nolotil; las medicinas que me tienen drogado y hecho polvo el hígado y los riñones. Durante días no he podido bañarme en condiciones, he tenido que ir a trabajar con el cuerpo arqueado, medio adelante, medio a la derecha, yo el caradura que sólo quiere la baja laboral.

He visto mi vida pasar y escaparse sin provecho. Me he sentido impotente, lleno de rabia, he llorado de odio a este sistema, me he reído cáusticamente cuando he visto los análisis de esta última revisión: tensión, glucosa, orina... niveles perfectos, a pesar de la barriga. Aún así me he sentido tan derrotado a veces que he pensado que mi mejor manera de vivir es estar muerto".