viernes, 14 de enero de 2011

Sobre la vestimenta del médico

A que cuando van al médico y lo ven con su bonito reloj en la muñeca y su elegante corbata muchos y muchas ya se quedan más tranquilos porque piensan en la sabiduría que tiene el galeno. Pues bien con curiosidad y algo de risilla tonta (porque yo soy alérgico a las corbatas) he leido este artículo del periodista Ramón Sánchez Ocaña, que me ha parecido interesante para que ustedes también lo conozcan. Dice así:
"El Estafilococo aureus utiliza el reloj de muñeca para trasladarse dentro de un centro sanitario. Hay que tenerlo en cuenta, porque tras estudiar a más de 650 profesionales se pudo comprobar que es precisamente en la pulsera del reloj donde esta bacteria anida y de donde pasa a las manos. La conclusión es obvia: alguna infección hospitalaria puede deberse a la cómoda costumbre de llevar reloj (el estudio se llevó a cabo en la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido).
Lo curioso es que este tipo de análisis se realizan con cierta frecuencia. Y casi siempre giran en torno a lo que el personal de enfermería y los médicos utilizan cuando van a trabajar. Por ejemplo, un estudio estadounidense partía de la base de que el 47% del personal hospitalario que utiliza corbata transporta en ella suficientes bacterias como para propagar y trasladar enfermedades de un sitio a otro. Y se llegó a demostrar que quienes trabajaban en contacto directo con los enfermos tenían unas corbatas 8 veces más infecciosas que los que estaban en cualquier otro lugar del centro sanitario.
Y hay más; porque ante la evidencia, la primera medida sería aconsejar a los médicos que no utilizaran tal prenda. Pero es que otra encuesta aconseja lo contrario: llevar corbata hace ir al médico mejor vestido y eso da más confianza al paciente que “ve entonces un mayor amparo profesional y, sobre todo, una mayor seguridad en la salvaguarda del secreto profesional”.
Es verdad que la infección hospitalaria va descendiendo y el nivel de desarrollo la sitúa ya en ese porcentaje mínimo que se considera inevitable. Y la culpa recae directamente sobre nosotros, los pacientes, según todas las investigaciones. Todavía se envían flores a un hospital y no somos conscientes, por ejemplo, de que en una cucharada de agua de un florero hay 20 millones de bacterias. En un ramo dentro de un centro sanitario se han encontrado pseudomonas, aeromonas, serratias y toda una serie llamativa de otras bacterias. Baste decir que los gérmenes del agua de un florero fueron resistentes a la gentamicina. Por lo mismo, a los pacientes más susceptibles de infección se les eliminan las verduras crudas de la dieta, especialmente el tomate, el rábano y el apio.
Los móviles ya han eliminado prácticamente el teléfono fijo, fuente abundante de infecciones. Piense siempre que ese teléfono puede haber sido utilizado antes por gente cuya condición sanitaria se desconoce. Y el teléfono no se puede desinfectar como otros elementos. ¿Y la toalla? Cada uno de los que está con el enfermo la utiliza entre 4 y 6 veces al día. Y no en todos los sitios hay una toalla para cada persona. Y allí queda, al secarse, todo un archivo de moderna bacteriología.
Así que ahora, cuando el médico le pregunte la hora, ya sabe que tiene menos posibilidades de infectarse por el estafilococo"
Bueno ya me dirán si no ha cambiado su actitud ante los accesorios que puede llevar un médico cuando los estén explorando en la consulta.
Fuente: JANO.es