miércoles, 29 de diciembre de 2010

Una dieta sana aumenta la inteligencia en los niños

Por primera vez, un estudio desvela cuáles son los productos que, ingeridos de pequeño, pueden influir en el desarrollo de la inteligencia durante la infancia. En los países desarrollados, las investigaciones llevadas a cabo sobre dieta en la primera infancia y desarrollo cognitivo y neurofisiológico posteriores han estado centradas casi exclusivamente en el tipo de leche recibida. Muchos de estos trabajos han constatado que los bebés alimentados con la de la madre obtienen mejores puntuaciones en los test de función cognitiva, pero en una buena parte de ellos no se han tenido en cuenta ciertos factores, como la inteligencia de la madre, que pueden alterar los resultados.

Otros estudios también han relacionado la exposición prenatal a los ácidos grasos Omega-3, a través de la vía materna, con un posterior mejor desarrollo neurocognitivo, pero sus resultados no son concluyentes'.

Pero ninguno ha examinado los efectos que tiene la alimentación seguida por los bebés cuando se inician en el consumo de productos sólidos en su desarrollo cerebral

Los menores que cuando eran bebés siguieron una dieta rica en frutas, verduras y comidas caseras puntuaron más alto en las pruebas de inteligencia y memoria. Estos resultados fueron independientes de la inteligencia o educación materna, su clase social o el ambiente en el domicilio familiar, peso o edad gestacional del hijo al nacer.

Más datos que apoyan las bondades de seguir una dieta sana desde la primera infancia son los que hacen referencia a que los bebés que consumieron con frecuencia galletas, snacks o patatas fritas tenían un peor desarrollo cognitivo y neurofisiológico tal y como quedó demostrado en las pruebas de lenguaje.

Es posible que el eslabón que encontramos entre una dieta de alta calidad (la fruta, verduras y alimentos caseros) en la primera infancia y la inteligencia a la edad de 4 años no esté causado por la dieta, sino por otras variables que no se hayan incluido en el trabajo como la inteligencia del padre. Pero, pese a todo, este estudio constata que incluso en las poblaciones bien alimentadas, los patrones dietéticos en los primeros meses de vida tiene un efecto en el desarrollo cognitivo posterior.

Por tanto, si queremos tener unos niños más inteligentes y saludables, debemos cuidar su alimentación, sobre todo cuando pasa de lactante a bebe.