lunes, 6 de diciembre de 2010

¿Qué le damos de comer a nuestros hijos?

Aquí les dejo con una reflexión de nuestro eminente periodista científico Ramón Sánchez Ocaña, publicado en JANO, acerca de la alimentación, para muy tener en cuenta sobre todo para padres y educadores:
" La frase se ha hecho clásica. Tenemos la edad que nuestras arterias indican, independientemente de lo que diga el calendario. Por eso resulta alarmante leer el trabajo de Geetha Raghuveer, de la Universidad de Missouri, que tras analizar las carótidas de 70 niños con una edad media de 13 años y con sobrepeso llegó a la conclusión de que su edad arterial parecía corresponder a adultos con 30 años más.
No es de extrañar: su tasa media de colesterol era de 223. Como señalábamos en estas mismas páginas, las patologías más comunes están llegando cada vez a edades más tempranas. Porque, en definitiva, estamos asistiendo al crecimiento de adultos prematuros. La obesidad es hoy una plaga en niños y jóvenes. No es raro que la diabetes tipo 2 empiece a manifestarse en adolescentes; es decir, aquella definición de la del tipo 1 como infantil y juvenil ya no parece tener mucho sentido. Serán simplemente diabetes 1 o diabetes 2, que pueden afectar a cualquier edad. Como consecuencia de ella, del sedentarismo, de las comidas, pronto se observará a edades inusuales a muchos adolescentes con síndrome metabólico y riesgo de accidente vascular llamando a su puerta. Y precisamente por la obesidad se empiezan a ver en gente muy joven muchos casos de apnea obstructiva del sueño.
No hace mucho, el presidente de la Asociación Española de Pediatría, Prof. Alfonso Delgado, lo comunicaba en un congreso: “Tenemos que cuidar la alimentación infantil, porque tiene una gran repercusión en la salud adulta. Y es en la infancia en donde se implantan los hábitos de alimentación saludables que van a marcar el futuro del individuo. Ahí podemos disponer de un poderoso elemento de prevención”.
La preocupación por la obesidad infantil pareció enfocarse correctamente con la estrategia NAOS, pero no parece que haya dado mucho resultado. Y siguen sin tomarse medidas contra las peligrosas grasas “trans”. Parece que se espera a que sea una directiva europea la que obligue a todos los países en este tema.
Mientras tanto, nos dicen que mantengamos una dieta saludable. Pero no sabemos qué porcentaje de estas grasas “trans” contiene lo que comemos. Porque esos ácidos grasos son de los más nocivos que podemos ingerir. Como es sabido, se producen cuando se someten las grasas a procedimientos de hidrogenación para hacerlas más plásticas y utilizables en la elaboración industrial de determinados alimentos. Y su presencia es abundante: margarinas, pan de molde, panecillos para salchichas o hamburguesas, galletas, pastelería, bollería industrial, cremas de untar, aperitivos, helados y multitud de alimentos, aunque no todos las contienen ni en las mismas cantidades.
Pero, ¿se dan cuenta de que todos estos alimentos son muy frecuentes en la dieta de los más pequeños? Y se ha demostrado que las “trans” son peores que las grasas animales porque no sólo elevan la fracción mala de colesterol, sino que incluso reducen el colesterol bueno."

Fuente: JANO.es