viernes, 31 de diciembre de 2010

¿A los médicos nos enseñan a comunicar malas noticias?

La reflexión que traigo hoy es acerca de un hecho que viví hace unos días en mi lugar de trabajo. Ingresé a un paciente en una situación crítica trasladado desde otro hospital que tenía muchas posibilidades de morir y así se lo transmití a los familiares. El familiar me dijo que no tenía ninguna queja de como los habían atendido en el otro hospital, salvo que cuando ya lo trasladaban le dijeron que se iba a morir. Entonces le respondí que yo también le había dicho lo mismo, a lo que el familiar me respondió, "efectivamente pero... me lo ha dicho de otra manera".
Desgraciadamente por mi profesión  he tenido que comunicar malas noticias a padres que acababan de perder a su hijo en un accidente de tráfico, o a hijos que acababan de perder a su padre por un infarto agudo de miocardio. Y tengo que decir que estas situaciones te las tropiezas un día y ahí tienes a echarle valor a enfrentarte a ellas como Dios te encamine y no por mi, sino por los pobres que tienes delante que son los que han perdido de forma súbita a su ser querido.
Y sin llegar a estos extremos, quién no ha vivido personalmente situaciones donde vas al médico y depende cómo le digan las cosas se va a casa más feliz que cuando se lo han dicho de una forma menos humana. Está demostrado que el cómo y de qué manera se informa a los familiares y pacientes implica una mayor o menor satisfacción por el usuario, independientemente de si los cuidados médicos fuesen mejor o peor.
Pues bien a nosotros los médicos no se nos enseña a comunicar, lo vas adquiriendo con la experiencia acumulada; unos pocos, entre los que me encuentro, tienen la suerte de hacer algún curso donde adquirir ciertas habilidades y donde te das cuenta de lo malos comunicadores que somos.
Habrá quien leyendo este artículo pueda estar en desacuerdo con mis afirmaciones, pero no soy el único que piensa así, así la Organización Médica Colegial ha presentado recientemente un listado de recomendaciones para que los profesionales de la sanidad aprendan a comunicar las malas noticias a pacientes, a elegir el momento o la cantidad de información y a saber cuándo es mejor no decir más.
Una de esas recomendaciones es el no dar las malas noticias por teléfono, poniendo como ejemplo de lo que no se debe hacer lo que se muestra en el último anuncio de la DGT, donde se da por teléfono la muerte en accidente de tráfico de un familiar, pues la primera regla es comunicar estas noticias en persona.
Otro problema en relación a la comunicación de malas noticias es que muchos basándose en el derecho de los pacientes a conocer la verdad se les dice que tienen un cáncer sin tener en cuenta qué paciente tenemos delante, que historia de valores tiene, cómo puede reaccionar y , sobre todo, que también  hay que respetar su posible deseo a no conocer la verdad.
El informar conlleva hacerlo cuando el enfermo lo solicite, en el momento oportuno, y nunca mentir. Además es muy importante dejar siempre una puerta abierta a la esperanza, incluso en personas que tienen un pronóstico de vida muy limitado a corto plazo.
Se recomienda que cada profesional sanitario comunique las malas noticias lo mejor posible dentro de sus posibilidades, evitando los tecnicismos y conociendo de antemano lo que el paciente sabe y lo que quiere saber. Por último, no informar en medio del pasillo sino buscar un sitio donde los pacientes y sus familiares se puedan desahogar.
Por lo tanto no se podrá tener una muerte digna, no sólo cuando la muerte no es aceptada, sino cuando los profesionales sanitarios no están formados en el manejo de las reacciones emocionales que emergen en la comunicación con los pacientes.