viernes, 19 de noviembre de 2010

Con la llegada de la crisis se han reducido las bajas laborales

No se sabe muy bien cuál es el motivo, pero lo cierto es que la Seguridad Social ha tramitado en el último año hasta un 40% menos bajas. Dicen que si ha influido la inseguridad laboral por la situación económica, lo cierto es que este descenso de bajas laborales se viene observando desde hace dos años y ha afectado a las bajas cortas, de menos de siete días, provocadas por problemas frecuentes como gripes, resfriados o diarreas. Sin embargo, las bajas largas, es decir las que en realidad se toman porque la necesitan siguen estables.
Resultó curioso que incluso  en el pasado otoño, en plena gripe A se notificó este descenso de las bajas ya que al ver que no moría tanta gente, las personas tenían más en mente el clima de inseguridad que había, con posibles expedientes de regulación de empleo o despidos, que hacía que se lo pensaran mucho antes de pedir una baja. Así ahora hay casos de personas que aún con fiebre alta van a trabajar, por el miedo a sentirse señalado por sus superiores como los primeros en despedir, para lo cual se intenta no faltar.
Sin embargo, la crisis económica está provocando que de las bajas que se producen esté aumentando el porcentaje de casos de incapacidad temporal por estrés y depresión constituyendo, en el conjunto de la Unión Europea, hasta el 60% del total de las bajas laborales. También hay un aumento de problemas osteomusculares, como sobrecargas, movimientos repetitivos que acaban en tendinitis, lumbalgia o cervicalgias, así como muchas patologías psiquiátricas, muchas de ellas también por estar quemado en el trabajo, lo que se llama burnout o sobrecargado. Muchos de ellos, además, acaban somatizando estos problemas psicológicos y refieren problemas digestivos o musculares cuando, en realidad, “enmascaran” otros síntomas. De este modo, se está dando la paradoja de que quienes deberían estar contentos por conservar su trabajo viven sometidos a un fuerte estrés y sobrecarga que sobrepasa los límites laborales y llega a las familias.
En esta situación se están dando conflictos familiares cuando se produce un ajuste por el despido de uno o los dos cabezas de familia, sobre todo cuando hay hijos adolescentes, que llevan mal esa reducción del nivel de vida y provoca un conflicto al padre, tanto en el trabajo como en la familia. Esto provoca una sensación de fracaso, lo que provoca también una sobrecarga, sobre todo si es el único miembro de la familia que trabaja, porque no puede permitirse nada e intenta forzar para ganar un dinero extra.
Asi que no hay mal que por bien no venga.