jueves, 5 de agosto de 2010

Las dietas rápidas y milagrosas sólo consiguen una cosa: que el problema de la obesidad perdure


La Organización Mundial de la Salud ha catalogado la obesidad como “una situación epimédica” a la que es necesario hacer frente. España es, ahora mismo, el segundo país de la Unión Europea con mayor índice de sobrepeso y obesidad entre la población, lo que sitúa a nuestra población en una situación de riesgo en la que la posibilidad de tener patologías asociadas (diabetes, hipertensión, problemas cardiovasculares o metabólicos, etc.) aumenta exponencialmente.

El sedentarismo, los malos hábitos alimentarios y los cambios en los estilos de vida han provocado que el 37 por ciento de los españoles adultos padezca sobrepeso y un 15 por ciento sea obeso. Esta situación es especialmente grave en la infancia, ya que en el caso de España, los datos se han disparado: el 26,3 por ciento de los niños tienen problemas de sobrepeso y el 13,9 por ciento padece obesidad.

El tratamiento básico e ineludible de este tipo de situaciones se basa en un cambio del estilo de vida, los hábitos alimentarios y un aumento de la actividad física, nada de remedios milagrosos. Las dietas milagrosas, esas que se adornan con todo tipo de apellidos, son una completa pérdida de tiempo y pueden provocar, además, graves trastornos como la pérdida masiva de peso a corto plazo puedo poner en riesgo la salud de cualquier persona y derivar en situaciones muy desagradables.

Las dietas rápidas que han proliferado sólo garantizan una cosa: que el problema perdure. Por eso debemos ser muy rigurosos y abordar cada paciente con un prisma integral en el que cirujanos, médicos endocrinos, psiquiatras y nutricionistas participen en la elaboración de un plan personalizado por cada paciente. Porque, además, no se trata de una cuestión estética de querer librarnos de unos michelines, la obesidad no es un problema de apariencia, sino de salud pública.

La Organización Mundial de la Salud no ha dudado en calificarlo de epidemia, y hay cientos de informes serios contrastados que demuestran que la acumulación de grasa en el organismo de una persona se convierte en una bomba de relojería que termina provocando la aparición de enfermedades crónicas que lastran de un modo importante la calidad de vida de las personas.

Los expertos están convencidos de que el único modo realmente efectivo es un enfoque integral que ponga el acento en mejorar los hábitos de salud, el ejercicio y la alimentación, pero tenemos claro que existen casos en los que el abordaje educativo no es suficiente.

La tasa de obesidad mórbida (aquella en la que el paciente desarrolla patologías relacionadas con su peso y que pone en riesgo su vida) en nuestro país ha crecido vertiginosamente y en estos casos la única solución viable es la cirugía. Se trata de un procedimiento quirúrgico que, como cualquier proceso médico, no debe ser tomado a la ligera ni realizado en cualquier instalación. Este tipo de intervenciones requieren del soporte de un hospital para garantizar que la seguridad del paciente no queda comprometida al tiempo que se obtiene el resultado deseado.