domingo, 1 de noviembre de 2009

Asma y otoño malos aliados


Las estadísticas demuestran que en los meses de octubre, noviembre y diciembre se producen muchos más casos de crisis asmáticas que en primavera. Los catarros son el principal factor desencadenante de estas crisis (en ocho de cada diez casos), cuyos síntomas no difieren de las provocadas por alérgenos en primavera., así los niños que sufran una crisis ahora de origen vírico tendrán además más probabilidad de padecer una crisis en primavera de origen alérgico.

Si usted tiene un hijo asmático, y sobre todo si va al colegio o a la guardería, extreme la precaución y trate por todos los medios de que cumpla su tratamiento, porque es ahora, en otoño, coincidiendo con el regreso a las aulas, la convivencia con otros niños en recintos cerrados y el aumento de los virus catarrales, cuando mayor probabilidad hay de que tenga una crisis asmática. De hecho, en este último trimestre del año, entre octubre y diciembre, es cuando se concentra el mayor número de casos de crisis asmáticas.

Más que la primavera, el otoño es la verdadera estación crítica para los niños asmáticos, en estos tres meses finales se producen más crisis que en el resto del año. Así lo advierten los Neumólogos , que recomiendan a los padres que extremen el cuidado y eviten que sus hijos abandonen o sigan de forma irregular su tratamiento. Según los datos que se manejan, ocho de cada diez crisis asmáticas en los niños en esta época están asociadas a una incidencia previa del catarro común. Sus síntomas son los mismos que las causadas por alérgenos, son síntomas respiratorios en vías altas, con rinitis y tos, que luego desembocan en dificultad respiratoria de mayor o menor intensidad acompañada de silbidos audibles.

Además, quien se contagia del virus en otoño, tiene más papeletas que sufrir una crisis alérgica en primavera y, viceversa, quien tiene esta crisis en primavera, tiene más facilidad de sufrir una crisis asmática en otoño de carácter viral. De ahí la importancia de que los padres estén muy atentos en esta época del año y prevengan en la medida de lo posible que el niño sufra una crisis asmática. Para ello, además de mantener las normas de higiene recomendadas para todos los niños con la llegada de la gripe, lo fundamental, en el caso de los niños asmáticos, es seguir bien el tratamiento, sin confiarse, y evitando la falsa percepción de que el niño ya está bien porque ha mejorado durante el verano, que es el error en el que incurren los padres en muchas ocasiones. Con el buen tiempo, los síntomas disminuyen, el niño mejora y los padres se relajan en el cumplimiento del tratamiento, confundiendo la falta de síntomas con la curación y a veces decidiendo de forma autónoma la supresión de la medicación. Se insiste en que las crisis provocadas por virus respiratorios aumentan especialmente en niños que ya sufrían la enfermedad y que han dejado de tomar la medicación o la siguen de una forma poco constante y rigurosa. Este último supuesto no es nada infrecuente en los niños alérgicos, no en vano, las últimas investigaciones sobre este asunto muestran que sólo el 50 por ciento de los niños se toma el tratamiento tal como está prescrito, mientras que el resto no toma el tratamiento o toma la mitad del mismo.