viernes, 26 de junio de 2009

Psoriasis



La psoriasis es una enfermedad de la piel, crónica y recurrente que se reconoce por sus placas de diversos tamaños y sus escamas.
La descamación se produce por un crecimiento y una producción anormalmente elevada de las células cutáneas. Se desconoce la causa de este acelerado crecimiento celular, pero se cree que los mecanismos inmunes tienen un papel importante. Esta enfermedad suele afectar a varios miembros de una misma familia. La psoriasis es frecuente y afecta del 2 al 4 por ciento de la población blanca; las personas de etnia negra se afectan menos. La psoriasis a menudo se inicia en individuos de entre 10 y 40 años, pero puede aparecer a cualquier edad.
Suele comenzar como una o más pequeñas placas que se tornan muy escamosas. Es posible que se formen pequeñas protuberancias alrededor del área afectada. A pesar de que las primeras placas pueden desaparecer por sí solas, enseguida pueden formarse otras. Algunas placas pueden tener siempre el tamaño de la uña del dedo meñique, pero otras pueden extenderse hasta cubrir grandes superficies del cuerpo, adoptando una forma de anillo o espiral.
La psoriasis suele afectar al cuero cabelludo, los codos, las rodillas, la espalda y las nalgas. La descamación puede ser confundida con caspa grave, pero las placas características de la psoriasis, que mezclan áreas escamosas con otras completamente normales, la distinguen de la caspa. La psoriasis también puede aparecer alrededor y debajo de las uñas, que aumentan de grosor y se deforman. Las cejas, las axilas, el ombligo y las ingles también pueden resultar afectados.
Por lo general, ni siquiera es frecuente el picor. Cuando se curan las zonas cubiertas con escamas, la piel adopta una apariencia completamente normal y el crecimiento del pelo se restablece. La mayoría de las personas con psoriasis limitada tiene pocas molestias además de la descamación, a pesar de que el aspecto de su piel puede resultar desagradable.
Sin embargo, otras personas sufren psoriasis extensa (generalizada) o experimentan graves efectos a raíz de esta enfermedad que no vamos a enumerar aqui debido a su poca frecuencia.
La psoriasis puede surgir sin motivo aparente, o bien derivar de una quemadura solar grave, una irritación de la piel, el uso de medicamentos antipalúdicos, el litio, los betabloqueadores (como el propranolol y el metoprolol), o incluso cualquier ungüento o crema. Las infecciones estreptocócicas (especialmente en los niños), las contusiones y los arañazos también pueden estimular la formación de nuevas placas.
Al inicio puede ser de diagnóstico incierto porque muchas otras enfermedades pueden cursar con placas y descamaciones similares. A medida que la psoriasis avanza, los médicos pueden reconocer fácilmente su patrón de descamación característico, por lo que, en general, no hace falta hacer pruebas diagnósticas. De todos modos, para confirmar el diagnóstico, el médico puede realizar una biopsia de piel (extrae una muestra de piel para su examen al microscopio).
Cuando una persona sólo presenta unas pocas placas, la psoriasis responde rápidamente al tratamiento. Utilizar ungüentos y cremas lubricantes de la piel (emolientes) una o dos veces al día puede mantenerla hidratada. Los ungüentos que contienen corticosteroides son muy eficaces y su efecto puede ser aún mayor si tras aplicarlos se cubre la zona con celofán. Las cremas con vitamina D también son eficaces en muchos pacientes.
Los ungüentos y las cremas que contienen ácido salicílico o alquitrán de hulla también se usan para tratar la psoriasis. La mayoría de estos medicamentos se aplican dos veces al día sobre la zona afectada. En ciertos casos también se usan medicamentos más fuertes como la antralina, pero pueden irritar la piel además de manchar las sábanas y la ropa. Cuando el cuero cabelludo resulta afectado, suelen utilizarse champús que contengan estos principios activos.
La luz ultravioleta también puede ayudar a eliminar la psoriasis. De hecho, durante los meses de verano, las zonas de piel afectada que son expuestas al sol pueden curarse espontáneamente. Tomar sol suele contribuir a eliminar las placas en grandes superficies del cuerpo; la exposición a rayos ultravioleta bajo control médico también constituye otra terapia frecuente. Para los casos de psoriasis extensa, esta terapia con rayos puede acompañarse con psoralenos, fármacos que hacen que la piel sea mucho más sensible a los efectos de la luz ultravioleta. La combinación de psoralenos y luz ultravioleta (PUVA) suele ser eficaz y puede curar la piel durante varios meses. Sin embargo, el tratamiento con PUVA puede aumentar el riesgo de cáncer cutáneo debido a los rayos ultravioleta; en consecuencia, el tratamiento debe ser estrechamente supervisado por un médico.
En las formas graves de psoriasis y en la psoriasis diseminada, el médico puede administrar otros fármacos más potentes, siempre bajo una estricta supervisión médica.