lunes, 8 de junio de 2009

El estrés aumenta el riesgo de enfermedad cardíaca

La influencia de la personalidad o el carácter en el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular es conocida desde antaño; así los individuos competitivos, muy autoexigentes, apegados al trabajo y obsesionados con el éxito, son los más propensos a padecer estas enfermedades. Estas personas viven sumidas en una vida en continuo estrés que muchas veces no lo buscamos sino que nos lo da las circunstancias de la vida, si bien en muchos casos podemos hacerle frente y mitigarlo.
Así el estrés se produce por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves, que hay que controlar porque la relación entre el estrés emocional y los eventos coronarios mayores ha sido establecida hace ya mucho tiempo y ha sido instintivamente aceptada. Pero la verificación de esta presunción se ve obstaculizada porque no existe un test científico para cuantificar el grado de estrés emocional. Por ejemplo, se ha demostrado que existe un aumento del riesgo de infarto agudo de miocardio (doble de lo normal) durante las dos horas siguientes a un episodio significativo de alteración emocional.
El estrés se produce, en menor y mayor medida, según la intensidad de un estímulo exterior y la capacidad individual de respuesta ante él. Todo ello dificulta su control como factor de riesgo cardiovascular, ya que depende del individuo el adaptarse a esa situación que le está afectando y cómo la enfrente.
Algunos estudios apuntan a un mayor riesgo de padecer estrés y por tanto de padecer un episodio cardiovascular en las personas con perfil psicológico tipo A, es decir, individuos competitivos, muy autoexigentes, apegados al trabajo y obsesionados con el éxito.
Si usted cumple las siguientes características tiene una personalidad tipo A:
-Velocidad, impaciencia, irritabilidad, siempre tiene prisa.
-Estilo dominante y autoritario.
-Dificultad para conocer y expresar las emociones.
-Actitud hostil, dura, competitiva.
-Gran implicación en el trabajo, con tendencia a la actividad permanente. Consideran el descanso o el ocio como pérdidas de tiempo.
-Preocupación por el rendimiento y los resultados finales, más que por el disfrute de la actividad mientras se realiza.
-Pocos intereses y relaciones personales al margen del trabajo.
Así que si se ha dado cuenta que está encuadrado/a en este tipo de personalidad, póngase manos a la obra que estará firmando un cheque en blanco para su salud futura.